Jorge Campos: «La humedad realmente me jugo en contra en la parte final de la carrera»

No es la primera vez que corro 21k, pero si la primera vez que lo hago en el extranjero. Porque lo señalo?, porque todas mis sensaciones en esta carrera tienen ese ingrediente adicional de lo que significa estar cumpliendo un nuevo objetivo. Cuando ingresé a mi actual club InterRunners por allá por Diciembre 2017, me planteé dos objetivos, primero correr 42k y segundo salir a correr fuera de Chile. El primero lo cumplí en el maratón de Santiago 2018, y ahora estaba cumpliendo el segundo.

Parte de la gracia de correr afuera, es hacer turismo. Puede ser antes o después de la carrera. En mi caso fue antes, y comer pulpo a la parrilla en La Rosa Náutica, ver los bailes típicos del DamaJuana, o visitar las catacumbas de la Iglesia San Francisco, fueron  parte de la actividades que realicé y que recomiendo de todas maneras. Dado ello, es que dejé para último momento el retiro del kit. Sábado, una hora antes del cierre de la Expo, fue el momento en el que nos aparecimos. En general la logística muy buena, poca aglomeración de gente, ya que todos estaban disfrutando de los estands, donde había música en vivo y entrega de cerveza gratis (solo una por persona). La Expo estaba en el Parque de la Reserva al lado del Circuito Mágico del Agua, un punto turístico habitual, pero dado todo lo que habíamos caminado ese día recorriendo el centro de Lima, el cansancio no nos dejó visitarlo. De todas manera un acierto el lugar escogido. Lo que si note en la Expo, es que no se venden artículos de running como si pasa en nuestra Maratón de Santiago, por lo que quienes querían comprar geles, sales, u otras cosas, no lo podían hacer allí. Agradecí en ese minuto haber llevado mis propias pastillas de sal, y de correr con Snickers en vez de geles. En la Expo solo había una gran tienda de Adidas, con precios bastantes elevados aún considerando el 40% de descuento que ofrecían.

La carrera partía a las 07:00 de la mañana para las distancias de 42 y 21k. El lugar era abierto para todo el público pero el encajonamiento estaba restringido solo para corredores inscritos, y cada uno debía hacerlo en el corral que le correspondía. Inicialmente pensé que no iba a resultar, ya que una vez encajonado, los corredores del corral siguiente se pasaron en masa al corral donde estaba yo (quizás el control dentro de los corrales es el único punto que podría criticarle a la organización), pero al momento de la partida no se generaron las típicas aglomeraciones, por lo cual podría decir que igual funcionó.

Lo primero que me llamó la atención fue el número total de participantes. 18 mil en las tres categorías, e inmediatamente lo comparé con los 30 mil de nuestra Maratón de Santiago. Me extrañó, dado que solo Lima tiene 11 millones de habitantes, y el buen nivel que presentan los corredores peruanos de élite. Siempre pensé que iba a ser más masiva, como también esperaba más participación y apoyo de la gente en las calles.

Los primeros cuatro kilómetros de la carrera, los hice a un ritmo parejo y de acuerdo a lo planificado. El día anterior, temprano y mientras el resto de mi familia dormía, salí a entrenar para preparar un poco las piernas y para ver como me afectaba la ya conocida humedad de Lima. Hice 5 series de 1k pero al término de la tercera ya estaba muerto. Las dos siguientes fueron por cumplir, pero me sirvió para darme cuenta que en la carrera debía dosificar, ya que la humedad definitivamente era algo contra lo que iba a tener que luchar.

Las calles en las que se corría, eran todas con bandejones centrales verdes, lo que le daban un entorno bastante amigable a la carrera. El primer punto de hidratación era en el kilómetro 6, y no en el 5 como se acostumbra en Chile, lo cual me complicó un poco, ya que me había comido ya una parte del snickers, y necesitaba un poco de agua para pasar lo seco de mi boca. Como anécdota, en los puntos de hidratación los voluntarios en vez de quedarse en los mesones, se cruzan en la calle para darle agua a todos los corredores. Más adelante en la carrera esto me complicó ya que casi chocó con uno de ellos en su afán por darle agua a otro corredor.

Desde la mitad del kilómetro 5 al 16, todo era en bajada, lo que me permitió aumentar mi ritmo de carrera. La sensaciones en ese momento eran buenas, por lo tanto apuré bastante. Ahora la hidratación era cada tres kilómetros, con agua y gatorade, lo que me ayudó a mantener un ritmo promedio de 4:40. Estaba feliz… ya proyectaba un tiempo total de 1 hora 42. En las calles se veía gente, pero la verdad es que apoyaban poco. Para distraerme, trataba de adivinar en los cruces quienes eran publico, y quienes estaban tratando de cruzar la calle. Los con cara de perro, estaban esperando cruzar, y los que me aplaudían y respondían cuando levantaba los brazos y gritaba «vamos!!!», eran el público. Cada cierto rato, un grupo de chilenos veía mi bandera del grupo Corramos en Chile, me gritaban y daban la mano, y con ello, me entregaban un pequeño refuerzo de energías.

Los últimos 5 kilómetros fueron todos en subida. El desnivel positivo fue de 60 metros, no mucho, pero lo empecé a sentir rápidamente. Los kilómetros 16 y 17 ya me empezaron a costar y me esforcé mucho para mantener un ritmo de 5:05. Ese esfuerzo adicional me pasó la cuenta, y sumado a la humedad que había, hicieron que los últimos tres fueran del terror. Mi ritmo bajó a 5:26 y no me pude recuperar hasta el final de la carrera. En estricto rigor, y como bien decimos los runners… me reventé. En ese minuto empecé a buscar incentivos externos pero no los encontraba. Había mucho público en la meta, pero poco ruido. Mucha gente filmando, sacando fotos y esperando a amigos y familiares. El orgullo propio de haberme entrenado para el evento, y de estar cumpliendo uno de mis objetivos, me llevaron en modo avión, a la alfombra azul que nos daba la bienvenida a la meta.

1 hora 45 marcaba mi reloj al pasar por la meta, un poco mas bajo de lo que había proyectado, pero igualmente uno de mis mejores tiempos en esta distancia, sobre todo considerando que la distancia era 350 metros más de lo esperado, y que mi cuerpo lo sintió. La entrega de las medallas se hacía unos 150 metros después de pasar la meta, justo antes de entrar a los puntos de hidratación. Con esto se evitó aglomeraciones en la meta y se logró que los corredores pasaran directo al área de recuperación, que no estaba tan lejos como en nuestra maratón de Santiago. Punto para la organización de Lima. Una bolsa con fruta te entregaban mas una botella cerrada de gatorade, que no había problema en repetírsela.

Otro punto entretenido que me tocó, fue en el guardarropía. Las personas que estaban entregando las cosas, conversaban con los corredores y se sacaban fotos con todos. Mientras uno me conversaba sobre como me había ido y de donde era, otro buscaba mi bolso.Cuando me lo entregaron también me pidieron foto y me felicitaron por el tiempo hecho. Puede parecer una tontera, pero hicieron de ese momento, un momento agradable.

Debo decir que terminé la carrera con lo justo. La humedad realmente me jugo en contra en la parte final de la carrera y después de ella, y no me di cuenta. Me costó mucho la recuperación, y solo la logré después de beberme mas de un litro de agua al seco. Como cada organismo es diferente, a algunos les debe haber afectado menos que a mí y a otros mas, por lo que estar atento a las sensaciones es indispensable. El éxito de la carrera no depende solo del tiempo logrado, sino también del como se llega. En ese sentido, me siento mas que conforme con mi tiempo, pero un poco al debe en el cómo, punto a mejorar para mi próxima experiencia ya confirmada en el extranjero. 42k en la Maratón de Buenos Aires en Septiembre.

Después de esperar la llegada de mi señora que hizo 10k, y de terminar nuestra elongación, siguió nuestra carrera. Ahora al hotel a bañarse, cambiarse de ropa y partir raudos al aeropuerto. La aventura de Lima ya había acabado, y con un saldo positivo.

Magdalena Contreras: «Viajar al encuentro latinoamericano de embajadores Frontrunners, fue como un sueño»

Hace ya más de una semana volví de una experiencia increíble. Viajamos con mis compañeras y compañeros Frontrunners al encuentro latinoamericano de embajadores, y la verdad, fue como un sueño! 

Llegue el día viernes (tarde porque por trabajo no pude viajar el jueves) y me reciben todos muy felices mientras comían en un restaurante. Para mí, puras caras nuevas, de todas las nacionalidades, pero el recibimiento fue enormemente cálido. El día sábado estuvimos toda la mañana haciendo fotos donde logré conocer a la mayoría de los Frontrunners, todos con metas distintas, intereses variados, tiempos diferentes, pero nos unía la pasión por el running.

Luego el domingo, día de carrera!! Todos temprano tomando desayuno como equipo, deseandonos suerte y dándonos aliento. Yo a decir verdad, estaba un poco nerviosa, suelo correr muchas medias maratones, la distancia no me complica, pero esta vez fue distinto. Mis últimos 21k (Santiago) fueron pésimos y los dos años en que estuve full enfocada en el triatlón me dediqué más a las otras dos disciplinas, por lo que mis tiempos hoy en día no son para nada los mejores, pero para mí lo importante era disfrutar cada kilómetro. 

Partimos los 21k en un ambiente increíble, 6:30am y el sol estaba radiante, la gente feliz y motivada.  Al kilómetro 1 ya se sentía el calor y la humedad, pero el paisaje era tan lindo que todo eso pasaba a segundo plano. Me senti muy bien durante toda la carrera, hasta el kilómetro 15 donde ya comencé a bajar mí ritmo un poco pero de igual manera estuve dentro de mí plan. En el transcurso de la carrera habían muchos puestos de hidratación, cada 3 kilómetro podías encontrar: agua, isotónico en bolsas (muy cómodo porque puedes correr con esta) y geles energéticos, muy alto nivel. Luego de pasar la meta (contentisima de haber terminado) me dirijo a la carpa de recuperación donde me encuentro a todo el grupo de Frontrunners, atletas Asics, trabajadores de la marca, todos celebrando y muy felices de haber llegado.

Todos y cada una de las personas ahí muy felices porque fue un logro como equipo, era ver de manera literal lo que significa el movimiento Frontrunners: Pasión por correr. Pasión por la motivación, creer en un estilo de vida, creer en uno mismo. No importa que tiempo hagas, si eres de distancia larga o corta, lo más importante es soñar con tus propias metas y trabajar por ellas.

Pasada la carrera, rápidamente volvimos al hotel y nos despedimos, uno solo escuchaba «Fue lindísimo conocerte», «Si alguna vez viajas a (ciudad de dónde era el Frontrunner) porfavor avísame!!», «Estaremos en contacto», en resumen, un ambiente insuperable.

Estoy infinitamente agradecida de este viaje, la oportunidad de ser una Frontrunner y tener la salud y energía para correr. 

Hector Vinet: «Este ciclo de entrenamiento me demostró que con disciplina, esfuerzo y motivación podía pensar en grande».

Es imposible relatar mi experiencia en Viena, sin explicar el por qué de su elección y cómo se fue dando el ciclo de entrenamiento.

En septiembre pasado debuté oficialmente en la maratón de Berlín. Al iniciar tal ciclo por abril del año pasado, esperaba y soñaba con cruzar la meta con un Sub3h; algo exigente, desafiante, pero creía que tenía la capacidad con un buen ciclo de preparación de realizarlo, pero lamentablemente un edema me tuvo sin correr en junio y gran parte de julio; dado ello, logré ‘preparar’ la maratón en sólo siete semanas aprox. por lo que no llegué en la forma que hubiese querido. En definitiva, crucé la meta en 3h04’59».

En paralelo a esto se organizó un proyecto de socios del club por sobre 60 años para que pudiesen preparar de forma competitiva su ‘última’ maratón y el lugar escogido era Viena. Finalmente tal proyecto se extendió a ex socios y cualquier socio que deseara participar. Con la espinita clavada de Berlín, Viena fue la luz del túnel, la revancha perfecta … circuito plano, buen clima y además el poder compartir con socios que son la historia viva de este club. Natalia, mi polola, también había quedado disgustada con su resultado en Berlín, así que para ambos fue la ‘solución’ perfecta. Así, un mes después de Berlín ya estaba iniciando mi ciclo rumbo a Viena.

Esta vez quise preparar adecuadamente las 25 semanas que habían por delante, para recuperar la capacidad aeróbica y el ritmo que había perdido con la lesión previo a Berlín. 12 semanas de período básico resultaron antes de entrar al bloque específico. Aquí comenzaron las dobles jornadas, martes y jueves, que incluían series por las tardes; los días miércoles eran habituales 18km, los sábados comenzaron trabajos de mayor ritmo y los domingos aumentaron los km … así transcurrieron casi 8 semanas y las sensaciones eran de las mejores, la recuperación era bastante rápida, cero molestias, todo en orden.

Siempre he tratado de ser lo más competitivo conmigo mismo y ahora iba siendo tan buen ciclo de entrenamiento que bajar las 3h en Viena era un desde; mi objetivo era intentar ir por las 2h53. La mejor prueba para ello y ver en qué pie estaba era Stgo21k, una media maratón el 10 de marzo. La inquietud? A qué ritmo hacerlo faltando 4 semanas para Viena, acá pueden haber innumerables opiniones, ir a ritmo maratón, algo por debajo de tal ritmo, o bien ir a fondo.

Mi mejor marca hasta esa fecha era 1h22’08 en Viña 2016, luego de ello, entre algunas lesiones y períodos de trail running incluidos, siempre había rondando la 1h23′, no me movía de allí.

A raíz de las semanas de preparación que llevaba, la sensación era que bajar de 80 minutos era posible, e incluso los trabajos de días sábados, donde hacíamos 8/9km rápidos daban el indicio que incluso podría ser mejor. En definitiva, ese día salimos a ritmo 3’43» y las sensaciones en carrera fueron cómodas, a pesar que esa semana lógicamente fue de volúmenes normales. Crucé la meta en 1h18’47», algo que hace un tiempo me era impensado y lo más importante claro, eso me daba un impulso de confianza para Viena tremendo. Las proyecciones con este tiempo daban para pensar en una buena carrera el 07 de abril; pero claro, primero había que correrla ….

Dos días post Stgo21k salimos a correr por la mañana con mi amigo Roberto Pinto ‘el largo’ (mi partner de entrenamiento por las mañanas todo el verano) y sentí molestias en mi pierna izquierda. Las obvié y ese mismo día por la tarde volví a entrenar y ahí ya el dolor era más intenso … y preocupante.

Día miércoles con masajes en la tibia que me hicieron revolcarme de dolor por primera vez (durante todo el ciclo fui a masajes cada dos semanas y ya en las últimas, una vez por semana), jueves troté para probar que tal, pero molestia continuaba, viernes de vuelta a masajes, esta vez punción seca pues sóleo estaba apretadísimo. Así pasó el fin de semana sin correr y día lunes decido hacerme 2 resonancias, una de pie (tobillo) y otra de pierna (tibia) y el resultado terminó arrojando un edema trabecular en la tibia e inflamaciones en tobillo. Tanto el traumatólogo, deportólogo que visito de vez en cuando y kine, me recomendaron todos por igual parar y no correr hasta la largada de Viena … una locura para mí dado la fecha en que nos encontrábamos.

Iba siendo tan buen ciclo de preparación, con resultados en entrenamientos y la última carrera que antes no los hubiese pensado realizar, esa sensación de confianza absoluta que el día de carrera de la maratón iba a ser un día redondo, pero todo eso en una semana se estaba ‘derrumbando’. El deportólogo me dijo que me olvidará de marcas, pues el riesgo latente era que una fractura por estrés sucediera en carrera. Con todo esto, las semanas previas a Viena sólo hice bicicleta e hipoxia, para que la caída en rendimiento no fuese tan estrepitosa.

Así transcurrieron las semanas con las dudas si correr o no correr la distancia; en fin, decidí y acepté el riesgo de una lesión o retiro, quería intentarlo.

A Viena llegamos un día jueves y ya el viernes teníamos el kit retirado. Ese mismo día salimos por unos 5k, algo de molestia pero ya estábamos allá, iba a partir la carrera de igual modo.

Día domingo desayuno liviano, nos fuimos al metro para poder llegar a la partida que estaba al otro lado del Danubio. Mucho frío en el encajonamiento y viento incluido, pero sabía que con el correr de kms no sería tema.

Nos separamos con Natalia, nos deseamos todo el éxito en carrera y nos despedimos.

Con Roberto nos encajonamos en Block 1 por lo que esta vez tendría una salida expedita no como lo fue Berlín. 

En los días previos ya como el objetivo inicial había sido frenado por la lesión hace 4 semanas, decidí lógicamente ir a un ritmo más lento, eso al menos en el papel, pues cuando se dio inicio a la carrera ya el km1 salió por debajo de 4min; era el km inicial así que interiormente sabía que me tendría que ir ajustando al ritmo mas conservador que había planeado, pero tal ajuste nunca llegó, comenzaron a salir ritmos cercanos a 4’00 – 4’05 y la verdad que me sentía comodísimo, incluso sentía que si bajaba el acelerador iba muy lento. Km12 y a orillas del circuito veo a Mónica, amiga y Sra de Roberto que nos iba a estar dando ánimo en ruta y también ayudando con hidratación, siempre un punto débil en mis carreras. El circuito de Viena es prácticamente plano, con pequeños desniveles y anchas calles para el número de corredores que somos. Al mismo tiempo de la maratón también largaron los participantes de media maratón y maratón por relevos. Km18 y Km19 me encuentro con la barra chilena que nos había acompañado; socios y parejas de corredores … más allá Mónica que me entrega una botella que ya habíamos acordado días previos.

Km20 y siento algo de cansancio … ya en Berlín el ‘muro’ me había pegado en el km27 y desde ahí había sido una caída en ritmo que no quería que se repitiera esta vez. ¡A esta altura de carrera el ritmo promedio iba cercano a los 4’02, demasiado rápido! Km23 y pasamos a tan sólo una cuadra del Hotel donde nos estábamos quedando y aquí viene una ‘bajada’ … no mucho desnivel negativo pero mis cuádriceps la sienten y me doy cuenta que van algo resentidos, esto claro, por las semanas previas sin haber corrido. Km28 y las sensaciones son de mayor esfuerzo para poder mantener el ritmo … ya no salen fluidos, ni rápidos como venían siendo así que acá había que meterle cabeza y defender el ‘ahorro’ que tenía en los bolsillos. Km30 y el circuito ofrece un ida y vuelta cerca del estadio de la ciudad; acá me cruzó frente a frente con Roberto así que nos damos ánimo. Posterior a esto viene otro ida y vuelta más largo por el parque principal de la ciudad … esto es km31 al km35 app. Un ida y vuelta eterno a esta altura donde el ritmo venía bajando paulatinamente. No me preocupé mucho de ir mirando el reloj, sino que de pelear cada km para no seguir cayendo en el ritmo. 

Acá me cruzo primero con Ricalde (José) … yo en el km32, él ya de retorno en el km34, nos damos ánimo … él va fluido, un relojito con su clásica técnica al correr, yo intento verme no tan agotado … resistiendo. Vuelvo a cruzarme con Roberto, mismo caso con Ricalde; yo en el km34, él quizás en el km32 … y si desde el km25 al km35 sufro una caída en ritmo, ya en el km35 el ‘muro’ se hizo notar. Me dolían los cuádriceps, el ritmo era notoriamente más lento, sentía que iba muy muy lento, hasta sentí algo de vergüenza interior; y también por no haber sido más inteligente y haber hecho otra carrera, la que había planeado; en fin, vi mi reloj, saqué cálculos rápidos de los km que faltaban por ‘X’ ritmo y vi que podría estar bordeando las 3h.

Además de luchar con los km, también comencé a luchar con esas ganas de parar, caminar o renunciar e ir por cualquier resultado, pero mi cabeza también me decía, sigue peleando que tienes chances aún de las 3h. Volví a cruzarme con Mónica en el km36, me ofreció agua e interiormente me hubiese quedado con ella allí … acá ya iba destruido, por lejos el peor tramo del circuito km35 al km38, dentro aún del bosque … solitario, poco público y muscularmente como también de ritmo ya en decadencia. Sabía que en el km38 era el penúltimo giro donde volvíamos a cruzar por última vez el río y donde además comenzaba algo de desnivel hacia la meta. Aquí en el km38 también un par de calambres vinieron a visitarme. Volvía a mirar el reloj y mi mente me decía que iba a estar por fuera de las 3h, quizás mejoraba las 3’04 de Berlín pero para lo que había entrenado, no quedarme con al menos un Sub3 no iba a ser un buen resultado.

Km40 y ya hay mucho público a ambos lados de la calle, yo algo cabizbajo intentando no flaquear y calculando de vez en cuando si llegaba o no a las 3h. Km41 y se comienza a escuchar la voz del locutor a lo lejos … mi ritmo igual que los últimos 5km, muy lento, de sensación al menos (iba ya en 5’00″/km). Comienzan los últimos 500 mts quizás, corriendo sobre la alfombra de los metros finales … veo a lo lejos el reloj de la carrera sobre la meta, 2h57 y fracción, avanzando rápidamente … veo mi reloj, comienzo a ver el primer letrero de los últimos 400 metros y calculo rápidamente que si apreto el acelerador puedo al menos intentar luchar por las 3h aunque para mí, las veía poco probable de hacer por el ritmo que llevaba, pero como siempre mi idea es llegar vacío a la meta no lo pienso mucho y no me guardo nada. Comienzo a acelerar con lo poco de energía que quedaba, cierro hasta los ojos por el dolor que sentía (muscularmente pues de la lesión nada) y noto lo chueco de postura que iba corriendo, con la cabeza hacia atrás; me dije a mi mismo que mal saldrán las fotos llegando a meta, pero mientras pensaba eso más a fondo intentaba ir … así fueron pasando los letreros de 300, 200 y 100 metros y yo peleando al menos el sueño de ser sub3. 

Logro cruzar la meta, veo antes el reloj encima y vi 3h00′ y segundos; paro mi reloj y veo 2h59’59» … mi sensación allí fue de que no lo había logrado o la verdad estaba tan cansado por esos 42km y por sobre todo ese ‘sprint’ final que no tenía tiempo para pensar en otra cosa.  Veo de reojo hacia las vallas de la carrera y del otro lado veo a Natalia, tratando de preguntarme como estaba y yo dándome cuenta que ella al menos no había logrado terminar la carrera.

Sigo avanzando cual zombie y se me acerca un voluntario que de seguro no me vio muy bien, me ofrece ayuda, mientras yo tambaleaba de lado a lado; luego señala a una chica de enfermería que me reitera nuevamente si me encuentro bien ofreciéndome ayuda; le respondo o balbuceo ‘it’s ok’ y pienso internamente que no sería gracioso para los demás terminar en enfermería (por segunda vez; luego de una media en Stgo) así que me retiro de ahí una vez que me entregan mi medalla de finisher.

Me quedó unos metros más allá para esperar a Roberto; luego de unos minutos cruza la meta, nos encontramos, nos felicitamos en silencio y balbuceamos algunas palabras. Salgo de la zona de llegada para encontrarme con Natalia y nos vamos a buscar mi kit a guardarropía. Ella esta segura que sí bajé las 3h y yo en mi interior aún algo desanimado por como había hecho la carrera. Me cuenta en el camino lo que le ha sucedido a ella, claramente esta muy desanimada; pero la felicito por haber partido la carrera y que no hay nada que reprocharse.

Luego de varios minutos nos encontramos con Mónica y ella a través de la app confirma que sí había logrado bajar las 3h; resultado oficial 2h59’57» !! Ese ‘sprint’ final vaciando todo había resultado, así que el objetivo inicial de al menos bajar las 3h lo había logrado, pese a haber tenido unas últimas 4 semanas previas sin trote prácticamente y con un bajón anímico importante.

Con el paso de las horas me siento en paz conmigo mismo, por haber corrido y por haber luchado hasta el final las 3h.

El final de la historia no fue como lo venía soñando hace un mes, pero hoy ya con todo lo sucedido, tranquilo y feliz de otro proceso de aprendizaje. Y lo más importante, ¡este ciclo de entrenamiento me demostró que con disciplina, esfuerzo y motivación podía pensar en grande!

La historia de amor en París… en Maratón de París!!

  • La pareja formada por Roberta y Leo, se comprometieron al cruzar la línea de meta de la última edición del Maratón de París, se ha convertido, sin pretenderlo, en la imagen mas romántica del maratón.

Hay veces que las historias de amor cotidianas, las que suceden en el día a día en cada barrio de tu ciudad, superan incluso a las que llegan desde Hollywood. Es lo que les ha sucedido a Roberta Adame y Leo Carvalho, una joven pareja runner que se han visto inmersos en una preciosa historia romántica.

Y es que, ante el marco incomparable que supone la Maratón de París, una de las carreras más icónicas del mundo, se prometieron en matrimonio. Una vez que ambos cruzaron la meta Leo se arrodilló y le pidió matrimonio a la que ahora es su prometida.  

 

 

 

 

 

Al igual que Leo, otros corredores han sorprendido a sus novias con una pedida de mano, tras correr un maratón, realizando toda la prueba con el anillo en el bolsillo, hasta hincar la rodilla y pedírselo.

Corrió el Maratón de París con tacones de 7 centímetros logrando nuevo récord mundial

  • Christelle Doyhambehere se había propuesto el loco desafío de correr los 42.195 kilómetros del Maratón de París en tacones de 7 centímetros. Completó el circuito en 6:04:07, mejorando en más de una hora el récord mundial.

¡Pensé que iba a romper el récord, pero no con esa brecha!Christelle Doyhambehere completó este domingo la maratón de París en 6 horas, 4 minutos y 7 segundos, ¡todo sobre unos talones de poco más de 7 centímetros! «Salí muy bien desde el principio hasta el kilómetro 23«, dijo la corredora con el número de dorsal 69612. «Me detuve en cada parada para evitar los calambres, y desde allí, como vi. Tenía espacio para la segunda parte, lo logré «.

Ahora, el Libro de Guiness analizará cuidadosamente el rendimiento de la corredora, para registrar su marca. «Mis amigos han filmado y tomado fotografías a su vez y regularmente para probar mi registro, se necesita un máximo de evidencia para poder validarlo» , detalla la maratonista. Sin embargo, Christelle Doyhambehere mejoró en más de una hora y veinte minutos el récord anterior de 7:27:53, establecido por la estadounidense Irene Sewell en el Maratón de Chattanooga, Tennessee, en octubre de 2017. 

Para lograr este resultado, Béarnaise ha entrenado mucho. Una preparación todo menos ordinaria, con el ritmo de seis entrenamientos semanales alternando tacones y zapatillas. «Solo tengo un poco de dolor en el dedo del pie pero no dolor de espalda, me siento un poco masticada«, comento. De vuelta en Béarn este lunes, pasé al fisioterapeuta y regresé a trabajar en el departamento de pediatría del Hospital de Pau el miércoles. Christelle Doyhambehere ha logrado este récord y esta actuación para resaltar la asociación Koala que tiene como objetivo promover el bienestar de los niños enfermos en los hospitales.

Marie-Cécile De Haro: «Cruzar la meta fue un momento genial e inolvidable».

Domingo 14 de abril del 2019; había llegado el día tan esperado y tan temido a la vez. Nos (José Delgado y yo) levantamos temprano, me sentía bien, relajada y sin estrés. Quizás los días previos en donde recorrimos todo París en modo turista me hicieron olvidar este gran evento. Desde ya sabía que iba a ser un día inolvidable.

Al salir del hotel, sentimos de inmediato el frío, había unos 2 o 3 grados y un poco de viento. Me asusté un poco pensando en toda la preparación realizada con el clima agradable de Santiago, pero el entusiasmo le ganaba al miedo. Tomamos el Metro en dirección al Arco de Triunfo donde debíamos encontrarnos con mi hermana, Anne. El Metro estaba lleno de corredores de distintas nacionalidades. Desde ya se notaba el nerviosismo al mirar las caras en el Metro. Ya casi llegando a la estación de metro Charles de Gaulle – Etoile, sentía alegría por volver a ver mi hermana después de tanto tiempo. En ese momento me sentía muy agradecida por el esfuerzo que ella hizo de venir a apoyarme, y también de los padres de José que nos ayudaron muchísimo. Luego, las fotos de rigor con la familia, y ya era la hora de ir hacia el encajonamiento. Nos sacamos la ropa, y solo nos fuimos con guantes y cortaviento trotando hacia nuestra ola de largada.

A pesar de la cantidad de gente (unos 50 000 corredores), el acceso al encajonamiento fue bastante organizado y fácil. En el mismo encajonamiento, hay baños, y la gente se movía para no terminar congelada. En el encajonamiento escuchábamos de lejos el micrófono informando que habían salido las Elite Mujeres (8h09), luego los Elite Hombres (8h25), y a medida que pasaba el tiempo las olas de 3 Horas, de 3 Horas 15… Ya se acercaba nuestra largada, 3 Horas 30. Más relajada no podía estar, no había más espacio para las dudas, pensé “un largo más, eso es, nada más”. A pocos minutos de largar, empezó a volar en el aire la ropa: los corredores desechaban la ropa utilizada para capear el frío y la tiraban en unos contenedores de reciclaje en el medio del encajonamiento. Me encantó que la organización promueva un maratón de Paris muy sustentable y por así decirlo “verde” (reciclaje de ropa, botellas, basura orgánica y baja huella de carbono). Con José, nos dimos un último y fuerte abrazo y desde ese momento casi no íbamos a hablar hasta un par de horas más tarde.

Escuchamos el disparo de largada, y unos minutos más tarde estábamos corriendo en los Champs Elysées en dirección al obelisco de la Concorde. La masa de corredores animaba a aumentar el ritmo pero con José habíamos definido un plan de carrera desde hace varias semanas y no lo íbamos a cambiar. Ya estaba todo planificado. Para este maratón, mi primero, tuve la suerte de que José me acompañara como pacer de inicio a fin,  encargándose de llevar el ritmo. Yo solo tenía que enfocarme en correr y disfrutar. El recorrido del maratón pasa por monumentos emblemáticos de París, es como un tour por la ciudad corriendo: los Champs Elysées, la Concorde, la opera Garnier, el museo del Louvres, la Bastille, el castillo de Vincennes, la Catedral Notre-Dame de Paris, la Tour Eiffel, el museo de Orsay y la fundación Louis Vuitton…Desde el kilómetro 1 el apoyo de la gente era increíble. En el camino habían bandas de todo tipo de música, DJs, grupos de cheerleaders, niños que sacaban la mano para apoyarte y carteles muy chistosos. Así que me deje llevar, el ritmo elegido; alrededor de 5 minutos el kilómetro, era cómodo y vi pasar los primeros 10 kilómetros muy rápido a pesar de un par de subidas que aparecieron en el trayecto. En esos primeros kilómetros vimos a varios corredores chilenos del equipo TYM que saludamos con un “Vamos Chile”. También vimos un corredor mexicano disfrazado de Hulk corriendo sin zapatillas y otros runners disfrazados de manera bien extravagante.

Los puntos de hidratación tenían dos características, no hay bebidas isotónicas, solamente agua, siempre en botellas, sin tapa para consumir de inmediato, y con tapa para llevarse. Los puntos de hidratación ofrecen también una variedad de cosas para comer como plátanos, frutos secos, galletas saladas entre otros. Algo muy bueno es que los mesones son de 160m para evitar la congestión y en algunos casos por ambos lados. En el segundo tramo también habían puestos con esponjas y agua pero dado la temperatura no fueron necesarias.

A partir del kilómetro 11, entrando en el bosque de Vincennes, empecé a sentir una molestia en la rodilla derecha, era la banda iliotibial. Sabía que el dolor iba a ir creciendo a medida que pasaban los kilómetros pero estaba preparada a aguantarlo. A ratos intentaba compensar con la otra pierna. Al salir del bosque, entre el kilómetro 20 y 21, escuche a mi hermana gritar “Allez Marie, allez” y me lleno de energía para lo que se venía más adelante. Ya estábamos a la mitad. Pasamos la media maratón en 1:46:35, todo iba acorde al plan. En el kilómetro 24, dejamos la calle y el recorrido siguió por el borde del rio Sena. En el kilómetro 26, entramos en un túnel largo de más o menos 1km. Fue una sensación extraña pasar de la luz a un túnel oscuro donde los pasos de los corredores hacían un gran eco, sumado además con los gritos de aliento del pacer de 3h30. Recién en este túnel me saqué el cortaviento, nunca en todo el maratón sentí calor, pero tuve que sacármelo ya que sentía que mis brazos se estaban quedando “dormidos”.

Entre el kilómetro 27 y 32, me llegó el cansancio, tuve un bajón tanto físico como mental, y esos 5 kilómetros salieron unos 15 a 20 segundos más lentos. No fue una baja de ritmo tan importante pero necesitaba ese respiro para mi rodilla. Por otro lado en ese tramo se pasó por 3 o 4 pasos bajo nivel en donde las subidas aunque eran cortas cansaban mucho las piernas. Pasado el kilómetro 32, pude recuperar el ritmo hasta el kilómetro 35. Nuevamente mi ritmo retomaba el 5 el mil. Después fue puro corazón y cabeza. Sabía que iba a terminar, y en ese momento no me importaba el tiempo. Como era mi primera maratón no sentía esa presión de mejorar una marca, solo había que terminar y disfrutar.

Del kilómetro 35 al 41.5, el maratón pasa por el bosque de Boulogne, muy agradable, mucha gente en ambos lados de la calle gritando y dando energía. Me alimenté de esa energía, también pensé en mi familia, mis compañeros de equipo (Warnke Running Team) con el único objetivo de seguir avanzando y cruzar la meta. En este tramo, caminé un par de veces y José no paraba de alentarme y de decirme que lo estaba haciendo extraordinario. Tomaba una respiración profunda y volvía a correr. A unos 800 metros de la llegada estaba mi hermana gritándome, corrió conmigo algunos metros, estaba muy orgullosa de mí, me dijo que lo estaba haciendo increíble, más feliz no podía estar. Última rotonda y ya no sentía dolor, nos miramos con José y aceleramos. Sí, al parecer me quedaba energía ¡Según reloj los últimos 600m salieron a 4’30 ¡!! A pocos metros de la llegada, con una tremenda sonrisa en la cara, nos tomamos de la mano para cruzar la meta. Fue un momento genial e inolvidable. Cruzamos la meta unidos, José no paraba de decirme que estaba orgulloso, que había hecho un carrerón, un tremendo tiempo y yo apenas me daba cuenta del tiempo con el cual había cruzado la meta; 3:38:44.

Avanzamos en la zona de llegada para recibir la polera Finisher y la medalla. Estaba entera, caminando como si nada. No lo podía creer. Mi hermana me había dado mi celular cuando la vimos antes de la llegada, abrí los mensajes y ya llegaban mensajes de felicitaciones, también vi como habían seguido la aplicación los compañeros de equipo desde las 2 de la mañana en Chile.

Nos volvimos a encontrar con la familia de José y mi hermana y fuimos por el mejor premio: la pizza ¡Y ya comiendo estaba pensando en el próximo maratón… Si alguien me hubiese dicho esto hace un año atrás creo que hubiese reído mucho. Yo? Un maratón? No…

Claudia Menares: «En el kilómetro 30 la majestuosa Torre Eiffel, imposible no mirarla y pensar, a esto vine!».

Domingo 14 de Abril, 08:35 horas en Paris, día soleado con 3 grados de temperatura, mucho viento y en la calle Champs Elisées, frente al Arco de Triunfo comienza la largada para los 55.000 corredores del Marathon 2019.

La salida es por oleadas, así que tenía que esperar mi turno 09:35 hrs., muy abrigada previo a la partida, mientras tanto los corrales con baños cada 3 metros y personal dispuesto para recibir las capas de ropa, el sol era solo un iluminador de la cuidad, mucha gente en las calles, todos dando ánimo a los participantes, la ruta hermosa indescriptible, en el Kilómetro 5, el Palacio de la Bastilla nos recibe con la primera zona de hidratación agua, frutas y pan de miel, así eran cada 5 kilómetros las zonas de hidratación y acá algo distinto, cada 10 km cubetas gigantes para mojarse las manos o simplemente tirarse agua, para mi ideal.

La temperatura no sube y seguimos avanzando por esta ciudad que llamé la ciudad ondulada, subidas y bajadas contantes en el recorrido, seguimos avanzando y llegamos al Bosque de Vincennes 10km en senderos de árboles gigantes muy helado y sombrío íbamos ya en el Km 24, saliendo de estos senderos iniciábamos el recorrido al lado del Río Sena, frente a la Catedral de Notre Damme, Paris en la calle todos animando y gritando Allez! Allez! Impresionante, Ya no falta nada!

Y cuando pensé que saldríamos de los eternos puentes, entramos a un túnel de 2 kilómetros, se sienten los pasos y respiración de los corredores con mucha más nitidez, seguimos en la oscuridad y humedad del lugar cuando al salir a mi izquierda en el kilómetro 30 la majestuosa Torre Eiffel, imposible no mirarla y pensar, a esto vine! a correr en Paris y aquí estoy!! , así que tome más fuerza y seguí convencida que sólo faltaba un trote de 12km por delante.

Adentrados nuevamente en la ciudad, sus construcciones, sus calles, su gente, el aliento de todos y cada una de las batucadas en el trayecto muy motivante, cantantes y bandas nos acompañaron en todo el trayecto, yo sigo avanzando y pienso en mi país, en mi familia, en mis hijos que debían estar esperándome y todos mis compañeros que habían terminado su maratón en Santiago el domingo anterior, con el corazón en la mano seguí corriendo, lo mío es esto! Eran los mensajes que enviaba a mi cabeza, yo estoy preparada, no me daba cuenta cómo iba avanzando y en pleno Bosque de Boulogne kilómetro 40, una bandera Chilena! Vamos Chile! Yo les grité a ellos y esas personas que no me conocían corrieron a mi lado alentándome, corrí con más energía ya estaba llegando al final, mi reloj ya marcaba Km 42 y la gente gritaba más fuerte Allez! Allez!! la meta estaba ahí a 500 metros del Arco de Triunfo cuando la crucé, Feliz! Lloré! y Lloré! Y ahí estaba mi amiga de siempre esperándome nos abrazamos y lo único que quería saber era de mi hijo, él había llegado 44 minutos antes! Estaba recuperándose del frío esperándome con mi hija. Lo habíamos logrado.

Tenía que avanzar hacia mucho frío, recibimos corta viento, medalla y la Polera otra modalidad de esta carrera te la entregan al final y la zona de llegada daba directo hasta guardarropía, por lo que todo el recorrido que haces para recibir tus premios suman para llegar pronto a tu ropa de cambio abrigarte y disfrutar tu logro. Lo haría mil veces, correr el Maratón es la máxima expresión de la fuerza mental que un ser humano puede experimentar. Luego de todo eso el reencuentro con la familia y a disfrutar la ciudad. 

Charly Bancarel finalizó el Maratón de París con 90 años

El pasado domingo 14 de abril se realizó una nueva versión del Maratón de Paris, que estuvo marcada por la historia de Charly Bancarel, corredor de 90 años, que finalizó el maratón en un tiempo de 5 horas y 22 minutos.

Charly Bancarel fue un operador de transporte. Muy ocupado, a los 55 años no pensaba en correr . «En ese momento, un amigo me animó a correr con él y nos dimos cuenta de que tenía algunas condiciones para eso», recuerda Charly Bancarel. Luego compite en su primer maratón y finalizá por debajo de las 4 horas (3:55). 

Años después, el operador tiene numerosos maratones en su haber. Annecy, Toulouse o París para el Hexágono, sino también Londres, Berlín o Nueva York internacionalmente. Un viaje a los Estados Unidos que aún recuerda con cariño. «Esta es la carrera que más me impresionó. Corriendo entre los rascacielos, para alguien como yo, que viene de Auvernia, que era increíble.»

Charly Bancarel se preparó para la Maratón de París participando en varias carreras. Fuera de competición, entrena dos o tres veces por semana en los caminos de Cantal que conoce de memoria. «Me levanto temprano, tengo un buen desayuno y corro un poco más de una hora». Y cuando no tiene lo suficiente, pasa en bicicleta de 50 a 60 kilómetros por la tarde.

Su estilo de vida le permitió  alcanzar su objetivo y completar la maratón en París en menos de 6 horas. «Es seguro que con la edad, disminuyes la velocidad, soy más cuidadoso cuando entro. Pero también puedes decir que conozco mejor mi cuerpo», sonríe.

Carla Saez: «Pensaba bajar las 3 horas y lo logré mucho antes de lo imaginado».

Luego de haber corrido el año pasado la Maratón de Nueva York, mis planes habían sido dedicar el primer semestre a mejorar mi tiempo en 21k y luego prepararme para el segundo semestre correr la Maratón de Chicago, pero luego me di cuenta de que, con el tiempo que tenía, existía la posibilidad de que en la Maratón de Santiago consiguiera algún lugar entre las chilenas, lo cual me permitiría obtener parte del dinero que necesitaba para ir luego a la Maratón de Chicago.

Con todo esto en mente, fue que comenzó mi preparación para la Maratón de Santiago, lo cual en un inicio no fue fácil, ya que sentía que aún no me recuperaba bien de la Maratón de Nueva York, y los turnos de noche eran para mi más cansadores aún (me costaba mucho dormir en el día por el calor del verano, así que esas semanas terminaba muy agotada). Es por eso que mi meta era sólo poder mantener lo que había conseguido en mi última maratón, ya que con ese tiempo sería suficiente para obtener lo que quería.

Sin embargo, a finales de febrero, y luego de una semana de vacaciones, comencé a sentirme mejor, lo cual fue evidente cuando conseguí hacer mi mejor tiempo en la Media Maratón de Santiago 21K, lo cual me dio confianza para intentar bajar, aunque fuera por algunos segundos, la barrera de las 3 horas. Así que continué entrenando de acuerdo al plan, y confiando en el proceso.

El día viernes previo a la maratón, lo pedí de vacaciones, porque sentía que necesitaba descansar bien para ese día, y me dediqué a realizar prácticas de Mindfullnes que estoy de a poco tratando de incorporar (¡deberían intentarlo!), y me sentía bien, tranquila, y confiando en toda la preparación.

¡Y llegó el día de la maratón! Me desperté un poco antes que sonara la alarma, lo cual fue lo positivo del cambio de hora. Y desayuné como lo había practicado para los largos de 30K. Ya en paseo Bulnes, en la carpa del Team, posamos para las fotos previas con los amigos, los que correríamos los 42K, antes de que partiéramos todos juntos a encajonar.

Esta vez pude encajonar bien gracias a unos cupos de Air France, así que ya cerca de la línea, esperando a partir. Cuenta regresiva, y allá vamos! Si bien el primer kilómetro salió un poquito más rápido, no fue exagerado como en otras oportunidades y sirvió para hacerse camino al principio. Luego siguí el ritmo lo más cercano a lo planificado, ya que en esta oportunidad, quería evitar hacer lo de otras veces, que es partir muy rápido y terminar muriendo, habiendo bajado mucho el ritmo respecto al inicial. Y creo que eso me resultó bastante bien.

En el camino iba concentrada, contando la respiración y mirando a la gente. Me gusta mucho que hayan personas que se levanten un domingo y salgan a la calle para ver algo así, da mucho ánimo.

En el camino me encantó ver gente conocida, al primero que vi en Av. Matta fue mi novio, que cruzó desde la Alameda hasta Av. Matta para alcanzar a tomarme algunas fotitos, y luego lo vi otra vez por detrás del Costanera. También hubo mucha gente del Team apoyando durante este recorrido, ya sea en bici, acompañando algún tramo al trote y dando gritos de ánimo en algunas partes del camino. También vi en la parte de Vespucio a más gente conocida entre los espectadores. Creo que esta es la mejor parte de correr en casa, ya que al correr fuera no están las caras conocidas durante el camino.

Si bien hizo calor, y no niego haberlo sentido, y haber llegado a cada punto de hidratación mirando quien tenía más agua en el vasito para poder coger ese y tomar todas las esponjas con agua que me ofrecieron en el camino, no fue ese el foco que había en mi mente durante ese día, sino en cómo me iba sintiendo, en mantener el ritmo que llevaba y aguantar hasta el final, porque sabía que podía lograr mi objetivo si seguía así. Ya en los últimos kilómetros por la Alameda, aunque costó, pude apurar un poco, y quizás la fuerza también salió de los gritos y apoyo de parte de amigos del Team que me acompañaron parte de ese tramo y a toda la gente que se pone en el camino, ya que en la Alameda es donde más público hay y donde gritan con más fuerza, y también, aunque no los pude ver, sabía que mis padres también estarían en algún lugar de ahí viéndome llegar.

Al ir llegando, vi el tiempo y sabía que había logrado bajar de las 3 horas, por lo que me sentía feliz, y me encanta que haya habido fotos que reflejen ese momento. Y bueno, ¡también había logrado conseguir un lugar en el podio de las chilenas! Logrando así parte de lo que necesito para mi objetivo del segundo semestre que es la Maratón de Chicago. ¡Así que ahora, a entrenar!

Al llegar a la meta, erróneamente me mencionaron como la “primera chilena”, pero luego se dieron cuenta que Johanna Rivas había llegado antes, ya que el caballero que estaba en la línea de meta no la conocía. Y menciono esto, porque creo que deberían haber averiguado antes qué maratonistas destacados del país habría en el evento, ya que Johanna debió haber encajonado con el grupo elite.

Cuando corrí mi primera maratón, terminé con el objetivo de buscar el tiempo para Boston, cuando conseguí eso quise ir bajando mi tiempo y pensaba que quizás algún día podría bajar las 3 horas, y luego de Nueva York vi eso como algo ya cercano, y siento que lo logré mucho antes de lo que lo había imaginado antes.

Doy las gracias a mi Team, de verdad que su apoyo durante la preparación y durante la corrida son muy valiosos para mí y creo que para todos los que participamos ese día, donde vi cómo Carlos, el entrenador, esperó hasta el último integrante del Team que llegó a la meta, y eso es lo mejor de todo, ¡todos llegamos a la meta!

También quiero agradecer a The Ratnavali Center, por lo que he estado aprendiendo este último tiempo sobre mindfullnes, a entrenar la mente, lo cual es una herramienta poderosa para poder sentirse bien y vivir en el presente. Si no hubiera logrado mi objetivo, de todas maneras mi percepción habría sido distinta a lo que podría haber sido antes.

Ahora con todo para el próximo desafío: Maratón de Chicago!

Manuel Acosta: «Cuando cruzas la meta ya estás pensando en el siguiente objetivo, porque esto es una pasión».

Para la #MDS 2019 mi motivación era buscar mejorar mis marcas ya que el año 2018 tuve una pequeña lesión semanas antes de carrera lo que no me permitió lograr la marca esperada. También poder lograr el tiempo para clasificar a los Majors.  Es por esto que decidí ingresar a un club y de esta forma tener un plan de entrenamiento, un grupo con quien entrenar y obviamente tener la mejor asesoría para el cumplimiento de mis metas. Elegí al equipo EORunners, principalmente porque conocía a sus profesores Erika Olivera y Leslie Encina, tanto como personas y cuáles eran sus métodos de entrenamiento. Además de mencionar que ambos son atletas de elite y de lo mejor que ha dado Chile estos últimos años. También a su director Walter Oddo y algunos integrantes. Encontré un grupo humano espectacular, muy buenos amigos y por ende un clima de entrenamiento excelente.

Cuando ingresé al club me pidieron llenar un formulario con los objetivos que quería cumplir durante el primer semestre de 2019, y yo puse dos: En Stgo 21K era bajar las 1:28:00 y  en MDS bajar las míticas 3 horas. Todos los que somos Runner y aspiramos a correr una maratón sabemos que bajar las 3 horas es una marca simbólica y difícil de lograr.

Mi preparación comenzó el 10 de Diciembre de 2018 en el primer entrenamiento con el equipo EORunners. Me dieron la bienvenida con un control de 400 metros, que evidencio lo duro que tendría que entrenar si quería lograr mis objetivos. Ahí comenzaron 4 meses de dura preparación, que contaban con dos días de trabajo en pista, los primeros meses muchos kilómetros de cerro en el San Cristóbal y generalmente los domingos controles o entrenamientos grupales en Santa Clara o la famosa Herradura. También dentro del ciclo hay que pasar por el gimnasio para trabajar la musculatura, masajes, kinesiólogos, nutricionista, etc. Correr una maratón no es un juego simple y hay que prepararse de la mejor forma y asesorarse de buena manera. El tiempo que se destina a preparar una maratón es alto, mezclado con el trabajo y las actividades familiares hace que este proyecto pase a ser familiar, ya que sin el apoyo de ellos no se pueden lograr los objetivos. Sin el apoyo de mi señora no podría haber entrenado lo necesario.

Dentro de la preparación estaba contemplado correr Stgo 21K donde mi objetivo era correr bajo 1 hora 28 minutos. En el último entrenamiento mi profesor Leslie Encina me dice “Manolo corre a 4 minutos el kilometro”, ni yo me lo creía, pero sabía que era el ritmo que tenía que lograr si quería cumplir el objetivo central. Dicho y hecho, corrí a 4 minutos el kilometro y conseguí mi mejor marca logrando 1:24:50. Fue un golpe de moral positivo, ya que si ocupábamos la mítica formula de multiplicar el tiempo por 2 y sumar 10 minutos para hacer una proyección a la maratón, me daría justo. Estaba feliz, el entrenamiento estaba dando sus frutos. Fue ahí donde nos pusimos de acuerdo con Marcelo Loureriro y Walter Oddó y generamos el proyecto “Breaking 3 hours”. La idea era hacer entrenar juntos y tratar de correr la maratón los tres juntos hasta el kilometro 30 y luego cada uno buscaría su marca.

Llegó el día de la carrera. Tuve la suerte de poder encajonar adelante junto a mis compañeros. Los primeros 15 kilómetros transcurrieron de acuerdo con lo planificado. Ya iba una hora de carrera y empecé a notar que el calor sería un invitado no grato a esta fiesta. Fue ahí donde tomé la decisión de tomar más líquido de lo planificado.

Para mi el kilometro 21 era muy importante, ya que era la mitad de carrera y mi punto de control para saber como iba en los tiempos y si proyectaba cumplir el objetivo central. Sabía que debía llegar en los tiempos y con fuerza porque en ese punto, según yo, se inicia la parte más dura de la carrera que es Vespucio. Iba en los tiempos planificados, sin margen para error, por lo que tuve que concentrarme y apretar. En el kilómetro 29 estaba mi señora con mi hijo, y verlos a ellos fue el último y gran impulso de la carrera (quizás las pulsaciones mas altas estuvieron ahí jajajjaa).

En el kilómetro 32, el último tramo de la carrera, todo el mundo te grita ¡¡¡se acabo!!! ya que desde ahí en adelante es en bajada. Pero en ese punto vas con las fuerzas justas y este año el calor me golpeó más de lo que esperaba, por lo que los últimos kilómetros fue aguantar el ritmo que debía hacer (siempre bajo 4:15 el kilometro) ya que iba justo justo para hacer bajo 3 horas.

En el último kilometro, cuando ves la meta y vi que podía lograr el tiempo, aparecieron mis compañeros de equipo alentando y motivando. Sebastian Orellana corrió conmigo parte de esa último tramo ¡¡¡. Cruce la meta y misión cumplida 2:59:31, una alegría inmensa todo el trabajo y tiempo destinado había dado sus frutos.

Como todo runner, cuando cruzas la meta ya estás pensando en el siguiente objetivo, porque esto es una pasión y siempre vamos por más ¡¡¡

Howdy,
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