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Cristian Valenzuela: «Correr me enseñó»

Correr me enseñó. Que el dolor es una herramienta que me ayuda a ser mejor, a correr mas rápido de lo que mi cuerpo naturalmente correría. Y que no abrazar ese dolor sería una equivocación si es que mi meta es ser mucho mejor de lo que soy hoy.

Que el dolor no discrimina en quien eres, si tienes discapacidad o no, incluso me atrevería a decir que es hasta inclusivo. Que en mi caso la discapacidad es una tremenda oportunidad, porque no me cuesta tanto correr sin ver pero para los demás es una tremenda hazaña y con eso se demuestra que la discapacidad no nos limita. 

Correr me enseñó. A conocerme, a conocer mi cuerpo, a entender mis sensaciones, a comprender que las carreras se ganan al final y no al principio. A estar mas presente que nunca, que las decisiones se tienen que tomar rápido y que lo peor que podría pasar es equivocarte, y qué? La equivocación mas grave sería no haberlo intentado. Que 23 centésimas de segundo es mucho tiempo cuando te hace rasguñar una medalla en una competencia tan importante como los juegos paralímpicos. A respetar los 42 km, a entender que en mi caso el muro no existe y que hay que mantenerse tranquilo teniendo claro que en algún momento de la carrera comenzará esa lucha interna entre abandonar o seguir. Y que si abandono me quedará ese malestar en el alma por haberlo hecho. Que hay que luchar, luchar y seguir luchando. Que incluso hasta el aire duele cuando pasaste ese kilómetro que es el umbral, cuando todo se vuelve tedioso y hasta el roce de tu ropa te incomoda.

Correr me enseñó. Que no hay nada mas que hacer el día de la carrera que me haga correr mas rápido de lo que esté preparado. Ni tomar agua, ni tomar isotónico, ni abrocharme con mas fuerza mi zapatillas, y que no hacerlo también podría ser una tremenda equivocación que pagaría en la carrera.

Correr me enseñó. Que la carrera mas mala es aquella que no se corre. Que nunca me sentiré totalmente preparado. Que hay que tener la valentía de estar ahí, que no hay que dejar de intentarlo.  Porque nunca se sabe lo que puede pasar. Que no hay que vanagloriar a los rivales, como tampoco subestimarlos. Que el principio del triunfo comienza venciéndose uno mismo y que ganar a los otros es consecuencia de eso.

Correr me enseñó. Que no hay lluvia tan fuerte, ni viento, ni frío que te impida correr cuando existe la voluntad vestida de esa motivación que te hace sentir que lo que estás haciendo te hace feliz y tiene un especial sentido para ti.

Que así como se puede aprender a bailar, también se puede aprender a correr bajo la lluvia, y aún mas. Se puede disfrutar, incluso a agradecer cuando esa agua logra hacerte sentir vivo.

Correr me enseñó. Que perder no es llegar último, si no no dar todo de mí y derramar hasta la última gota de sudor tanto en los entrenamientos, como en cada carrera. Que el descanso también es parte del entrenamiento. Que los entrenamientos malos también sirven, porque estuviste ahí, porque diste todo lo que tenías y si finalmente no salieron los tiempos. Lo intentaste y eso es lo que realmente vale en la sumatoria final, cuanto toque estar parado en una nueva partida.

Finalmente aprendí. Que correr no es tan distinto a la vida misma. Y hay que ser valiente y un poco loco para hacerlo como también para  vivir a tope.

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