Grandes Historias

“Chicago es prácticamente plana, solo te meten susto porque es la ciudad del viento”

Corrí Chicago el año 2013, fue mi segunda Major. Esta vez fui acompañada de mi marido, mi fans número 1 (creo) y fotógrafo personal y dos amigos que también corrieron, Rodrigo Martínez en silla de ruedas e Iván Rodríguez, con quien corrí parte de la carrera.

Recuerdo que en la entrada de la Expo, estaban las fotos de las 5 Marathon Majors y fue, en ese momento, donde decidí correrlas todas.

Ese año había una pantalla en la Expo, en donde al pasar el código del número por un sensor, aparecía en una pantalla un texto con el nombre de uno. Es un bonito recuerdo.

La preparación de esta maratón fue distinta, porque aparte de correr maratón me había picado el bichito del triatlón y como estaba entrenando bici, le propuse a mi entrenador que era ciclista profesional y estaba estudiando educación física, si le tincaba entrenarme, a lo cual, su respuesta fue afirmativa. Ahí conocí los controles para adecuar mis entrenamientos a mis ritmos, además de las conocidas repeticiones, fartlek, conceptos de VO2 max, fundamentales para hacer buen tiempo. Además, como corrí Pucón el 2012 y 2013 y me tenía que preparar para la bici que son 90K, me sirvió muchísimo para fortalecer la musculatura, cosa que a mi edad hay que tener muy en cuenta.

El hotel estaba super cerca de la partida y muy bien ubicado. En general, todos los hoteles que vienen en el paquete de las maratones son buenos.

El día anterior de la carrera salimos a “activar” (cosa que también aprendí con mi nuevo entrenador) por la orilla del lago Michigan, que es enorme. Es un muy buen lugar para entrenar, tiene veredas amplia y una ciclo vía. Es rico el ambiente que hay en los días previos a las maratones, nos encontramos con corredores de distintos países.

Chicago, es una ciudad hecha a mano, es elegante, muy bonita. Vale la pena hacer el recorrido por el río Chicago, donde cuentan cómo reconstruyeron la ciudad después del gran incendio que destruyó todo el centro, subirse a la rueda de Chicago, la Torre Willis, el poroto, etc, etc.

Recuerdo que Rodrigo, quien se movía en silla de ruedas estaba feliz. Decía que esa ciudad está preparada para andar en sillas, cosa que no puede decirse de varias grandes ciudades.

Fuimos a comer pastas al Giordano’s, un muy buen restaurant italiano. El detalle es que sin reserva es muy difícil encontrar mesa y más encima los días de la maratón, en que todos andábamos detrás de los carbohidratos. Además, había mucha gente esperando mesa, así que Rodrigo hizo de las suyas, entró en su silla de ruedas, puso cara de gato con botas y nos dieron una mesa al poco rato. Vil, pero efectivo.

La noche anterior, nos juntamos en la pieza de Rodrigo para ayudarlo a preparar su silla para la maratón. A diferencia de uno que debe dejar a mano zapatillas, polera, short y reloj, Rodrigo además de preocuparse de esas cosas, tenía que dejar con buena presión las ruedas, pegar los números, pegar los geles, instalar la mochila con agua. A pesar que cada uno espera la maratón de distinta forma, creo que los nervios o ansias que llegue el momento son parecidos, como que uno quiere y no quiere que llegue el momento de la largada.

Como las maratones son temprano, la levantada es al alba para tomar desayuno. Mi desayuno de la maratón fue un café solo y un dulce, 2 horas antes de la carrera. Estaba nerviosa, pero creo que son los nervios justos para pararme en la partida. También me tomé 2 pastillas de loperamida, las que me recomendó Norman Mac Milan y que sirven para que no den ganas de ir al baño. Son super efectivas, pero a algunos les cuesta después volver a la normalidad.

Me fui a la partida con Iván y, por algún motivo, se nos pasó el tiempo super rápido. Estaba por empezar la largada y nos dio ganas de ir al baño. Por supuesto, como en todas las maratones, las filas de los baños químicos eran eternas, así que no nos quedó otra que hacer en el pasto, obvio que por turnos y en un sector donde afortunadamente había algunos arbolitos. En ese momento habría preferido ser hombre.

Los primeros kilómetros, como parten todos los corredores juntos, independiente que sea por olas de tiempos, fue super trabada la carrera, porque de repente se enangostó y no podía correr cómoda, felizmente después de un par de kilómetros pude empezar a correr a mi ritmo.

Hay quienes corren más lenta la media y después aumentan el ritmo, otros que se les acaba la bencina porque parten muy rápido y se les aparece el “muro” en el kilómetro 30. Yo trato de correr al mismo ritmo los 42 kilómetros y no seguir al grupo que, por lo general, parte más rápido de lo que debieran. Una buena opción es irse con los pacers.

Muchas veces personas que no corren y que no entienden cómo uno puede correr durante más de 3 horas y media, me preguntan qué pienso, qué hago, cómo no me aburro. Creo que en esto no hay receta. Yo voy pendiente de mi ritmo en cada kilómetro, pendiente de tomar agua o isotónico en el kilómetro correspondiente, mirando a la gente y a los corredores que pasan disfrazados, dando la mano a los niños que están mirando la carrera, también arreglo el mundo y cada 5 kilómetros, cuando paso por un pórtico pienso en enviarle mi tiempo a quienes sé que me están siguiendo.

Las aplicaciones para seguir a los corredores son super buenas, en línea. El ideal es conocer el número de corredor. Sin embargo, el track runner ese año, solo entregaba los tiempos a los 10K, media, 30K y al terminar.

Tenía expectativas con hacer buen tiempo, para clasificar a Boston, porque Chicago es prácticamente plana, solo te meten susto porque es la ciudad del viento y además me sentía bien preparada. Y así fue, bajé más de 20 minutos respecto del tiempo de mi primera maratón. Hice 3:39:57 y necesitaba 3:45 dado mi edad y sexo. Ese año ganó la maratón con 2:03:45 Kimetto.

Estando en Chicago, Juan Pablo Burgos, un amigo kinesiólogo me dijo que el día siguiente a la maratón saliera a correr, para “lavar el ácido láctico”. Obvio que mi reacción inmediata fue decirle que estaba loco, cómo iba a salir a correr después de correr 42K, si recomiendan descansar 1 semana por cada hora que uno se demora. Me escuchó y me dijo hazme caso y después hablamos. Al día siguiente, salí a correr, si es que se le puede llamar correr a la forma en que lo hacía, mas parecía un robot. Es increíble lo que se alivia el dolor muscular al lavar el ácido láctico. Desde esa vez, el día después de cada maratón, salgo a correr.

Nunca me voy a olvidar del regreso de ese viaje. Volvimos cargadísimos, una maleta cada uno, un coche de guagua y un rodillo para entrenar en silla de ruedas y solo las maletas eran nuestras.

Éxito a todos en este nuevo desafío, a planificar bien la carrera y ejecutarla de acuerdo a lo planeado, para no arrepentirse después.

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