Grandes Historias

Jeroen Van Duren “Los primeros 10k pasaban por la ciudad, por monumentos como el Arco de triunfo, Plaza Kim-Il Sung, el Teatro”.

La idea para correr otra maratón surgió en agosto 2017. Para mí, lo entretenido de las corridas es que siempre son eventos donde se junta la gente, se mezcla, se conecta y cuando me di cuenta que existía una en RPDC (también conocido como Corea del Norte), me pareció una manera óptima para al mismo tratar de empezar a entender a este país. Un país sobre el que opina mucha gente, pero basado en muy poca información.

Solamente se puede entrar al país con tours guiados (entré con Koryo Tours). Se me ofrecieron distintas opciones, de lo cual la más larga era un tour de 10 días, incluyendo a las celebraciones del cumpleaños del padre de la patria, Kim Il-Sung. Si vas a hacer el viaje, mejor hacerlo bien!

Posterior a un accidente en que rompí mi pierna en alrededor de 40 piezas empecé a correr como parte de la rehabilitación. 5 años después en 2013 corrí mi primer maratón, la clásica, de Maratónn de Atenas, y desde este momento he corrido casi cada año una maratón. Siempre entrenando solo, y nunca muy serio (o sea, una vez por semana subiendo a Cerro San Cristóbal e inscribiéndome a último momento a las corridas). Nunca sabía con tanta anticipación que iba a correr una maratón entonces quise correrla lo más rápido posible (o sea, realmente matarla). Es claro que esto no lo iba a lograr solo entonces me junté con el equipo de Pegasus Runners.

En noviembre 2017 empecé con los 5 meses de entrenamiento para la maratón de Pyongyang, casualmente en el mismo día que el Maratón de Santiago. Entrenando los lunes y miércoles en la pista atlética en el estadio nacional, los martes y jueves en el Cerro San Cristóbal, y en el fin de semana una corrida larga en distintos lugares. Fuera de mi desconocimiento e incompetencia completa acerca de planes de entrenamiento, creo que el valor verdadero es el equipo. Después de un día largo en la pega, una noche mal dormida o una frustración cualquiera, la motivación para entrenar a veces es difícil para encontrar. Ahora si estás con equipo con gente de muy buena onda y de todos los niveles, este motiva para seguir y hacer el trabajo que sabes que quieres hacer.

Mi mejor marca antes de la maratón de Pyongyang era 3.13 entonces la marca de 3 horas fue mi foco principal. Un par de medio maratones y 10k que hicimos en equipo me mostraron que estaba acercándome a estos tiempos. Ahora, no tenía muy claro cómo era el clima en Corea ni qué difícil es el recorrido.

10 días antes de la maratón empecé con mi viaje mundial. Aproveché para pasar a ver a la familia y amigos en Holanda. Luego viajé a Kuala Lumpur y Singapur para pasar un par de días con amigos y ajustarme a la zona horaria que tiene una diferencia de 11,5 horas con Chile. Terminé la primera parte del viaje haciendo los últimos entrenamientos en Pekín (incluso en el muro).

Un día antes de la maratón volamos a Pyongyang con Air Koryo y después de hacer la aduana (que era tranquilo y rápido, siguiendo las instrucciones), fuimos a conocer la ruta de maratón. Pyongyang es una ciudad con mucho espacio, departamentos pintados en colores pasteles, monumentos impresionantes, plazas gigantes y avenidas anchas con poco tráfico. Muy limpio y ordenado, por lo que me sentí relajado en la ciudad. Desde el estadio Kim-Il Sung (partida y meta de la maratón) fuimos a recorrer la ruta de la maratón (y la media, 10k y el recién añadido 5k). Los primeros 10k pasaban por la ciudad, pasando por monumentos como el Arco de triunfo, Plaza Kim-Il Sung, el Teatro. La segunda parte (y luego la misma ruta como vuelta) sigue el río, pero – como la primera parte – nunca plano, siempre subiendo y bajando puentes. Cada 5km había un mall of departamento con un baño (no había baños químicos) y una estación con agua (solo agua). Corrió un viento y la temperatura era justo arriba de 0 grados, entonces ojalá iba a mejorar…

Luego fuimos a nuestro hotel, situado en una isla en el río, que tenía todo: sauna, restaurantes, karaoke, bowling, pero faltó un gimnasio. Bien mantenido, pero en un estilo de un hotel Soviético en una de las primeras películas de James Bond. Después la cena (arroz con pato y verduras locales), fuimos al cine para ver “Comrade Kim goes flying” y luego comí una pasta (que había pedido antes) porque estaba con hambre. Después de haber comido esta pasta, tenía más hambre, pero lamentablemente no había más… A dormir, para el gran día.

 

 

 

 

Era una mañana fría, pero había algo de sol. Salimos a las 6.30 para llegar al estadio tipo 7, para la ceremonia de apertura a las 8 y la partida a las 9. Mucha oportunidad de calentar no había, entonces decidí para hacerlo durante los primeros kilómetros. Para la ceremonia de apertura tuvimos que estar en fila de 6 personas, se cambió a filas de 8 (y de vuelta a 6), pero al final quedó claro que turistas no son capaces caminar en filas entonces entramos desordenados. El aplauso de los 50.000 espectadores era impresionante. 50 mil personas con una herramienta metálica rítmicamente perfecto haciendo el aplauso de entrada. Luego nos juntamos en el pasto dentro el estadio, con mirada a las fotos gigantes de los líderes, parece que el ministro de deporte abrió la corrida y soñó música (supongo el himno nacional).

Aunque la temperatura aun no había subido de 1 grado, decidí dejar todas mis cosas con nuestros guías y correrla en polera sin mangas y short, llevando geles, porque durante la corrida sólo había agua cada 5 km. Entramos el estadio de nuevo, y al último momento se sumaron muchos atletas jóvenes de RPDC, que principalmente corrían el 21k (también había 10k y 5k, con un total de alrededor 1.200 corredores). La salida era bajó un aplauso inmenso y después de pasar a arco de triunfo empezó la corrida de verdad.

En la ciudad había mucha gente, todos aplaudiendo de forma tranquila, con muchos niños riendo y apuntando a mi barba. Aproveché para hacer “high fives” donde podía. Durante la primera parte me pasaron – y pasé – escuelas de Koreanos todos corriendo perfectamente en grupo. La primera parte fue dentro la ciudad, y después de esta parte el recorrido se puso más fome: siguiendo el río, subiendo y bajando puentes, menos gente (fuera de la organización cada 50m). Además, el tiempo se empeoró, porque el cielo se cerró y empezó a correr un viento fuerte, que fue peleado en los puentes.

De la vuelta me recuerdo menos, dado que ya estaba entrando el cansancio, y el tiempo empeoró más. Volviendo a la ciudad empezó a nevar, y la temperatura bajó más. Me di cuenta que estaba perdiendo velocidad, pero no pude generar relajación en los músculos, que incluso se había puesto fríos. Además, la ruta de vuelta no era muy claro, dado que había gente local que podía doblar en una rotonda, mientras que yo tuve que hace tres cuartos de la rotonda (este pasó 2 veces). A final el GPS se terminó en unos 42,5 km y con un tiempo de 3.02.45. Quise hacerlo dentro 3 horas, pero no fue la maratón para hacerlo, basado en la combinación de la ruta, el tiempo y la preparación de la última semana (viajando el mundo, y pasándolo bien con familia y amigos). Ahora, saqué más que 10 minutos de mi marca personal y me sentí bastante bien después de la corrida y los días siguientes (caminé sin problemas y un par de días de después ya estuve corriendo en la playa). O sea, entrenar en equipo es la diferencia.

Los últimos kilómetros tenían un par de subidas con el viento completamente en contra. Por el cambio de tiempo, la gente había salido de las calles. Afortunadamente, durante la maratón había un partido de fútbol en el estadio, entonces este estaba llenísimo. Haciendo solo yo la última vuelta en la pista, toda la gente estaba haciendo su ruido para mí, me sentí como un deportista olímpico.

 

 

 

 

 

 

Luego me esperó agua y una toalla, para luego abrigar y juntarme con el grupo. Por suerte, se vendía algo de comida y bebida en el estadio, entonces comí todas las galletas, queques y pescado seco que había, bajando con la cerveza local. Tuvimos que esperar para la ceremonia de medallas y cierre y la vuelta a hotel hasta el tiempo de límite de 4,5 horas (este se había extendido este último año, también era posible para terminar hasta 5,5 horas, pero no entrando el estadio). Después el almuerzo, una siesta y una ducha terminamos un día intenso en una cervecería local.

Durante el resto de viaje conocí a la ciudad, la zona desmilitarizada (donde una semana después hubo una reunión entre la norte y el sur, que me dejó emocionado), a las montañas y al campo. Un viaje impresionante para conocer a un país desconocido y te da cuenta que efectivamente lo que conocemos acá del país es muy poco y no siempre correcto. Sí, el país es pobre y vive de una agricultura no automatizada. Sí, dentro el país siempre te mueves con los guías y nunca estás solo. Sí, se muestran su respecto a sus líderes con muchos monumentos, historias y mucha seriedad. Al otro lado, es limpio, ordenado, seguro y la gente es simpática, quizás un poco más introvertida que nosotros. Pero a través de la música (estaba tocando ukelele donde podía, y karaoke cada día), el baile (bailé distintas veces en “bailes masivos”, también durante un feriado nacional) y el deporte. Y por eso, si tienes la opción, les aseguro que será una experiencia inolvidable para correr la maratón de Pyongyang – porque es la manera interactuar con la gente y te da una impresión de este país desconocido que te deja pensar.

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