Grandes Historias

Jorge Campos: «La humedad realmente me jugo en contra en la parte final de la carrera»

No es la primera vez que corro 21k, pero si la primera vez que lo hago en el extranjero. Porque lo señalo?, porque todas mis sensaciones en esta carrera tienen ese ingrediente adicional de lo que significa estar cumpliendo un nuevo objetivo. Cuando ingresé a mi actual club InterRunners por allá por Diciembre 2017, me planteé dos objetivos, primero correr 42k y segundo salir a correr fuera de Chile. El primero lo cumplí en el maratón de Santiago 2018, y ahora estaba cumpliendo el segundo.

Parte de la gracia de correr afuera, es hacer turismo. Puede ser antes o después de la carrera. En mi caso fue antes, y comer pulpo a la parrilla en La Rosa Náutica, ver los bailes típicos del DamaJuana, o visitar las catacumbas de la Iglesia San Francisco, fueron  parte de la actividades que realicé y que recomiendo de todas maneras. Dado ello, es que dejé para último momento el retiro del kit. Sábado, una hora antes del cierre de la Expo, fue el momento en el que nos aparecimos. En general la logística muy buena, poca aglomeración de gente, ya que todos estaban disfrutando de los estands, donde había música en vivo y entrega de cerveza gratis (solo una por persona). La Expo estaba en el Parque de la Reserva al lado del Circuito Mágico del Agua, un punto turístico habitual, pero dado todo lo que habíamos caminado ese día recorriendo el centro de Lima, el cansancio no nos dejó visitarlo. De todas manera un acierto el lugar escogido. Lo que si note en la Expo, es que no se venden artículos de running como si pasa en nuestra Maratón de Santiago, por lo que quienes querían comprar geles, sales, u otras cosas, no lo podían hacer allí. Agradecí en ese minuto haber llevado mis propias pastillas de sal, y de correr con Snickers en vez de geles. En la Expo solo había una gran tienda de Adidas, con precios bastantes elevados aún considerando el 40% de descuento que ofrecían.

La carrera partía a las 07:00 de la mañana para las distancias de 42 y 21k. El lugar era abierto para todo el público pero el encajonamiento estaba restringido solo para corredores inscritos, y cada uno debía hacerlo en el corral que le correspondía. Inicialmente pensé que no iba a resultar, ya que una vez encajonado, los corredores del corral siguiente se pasaron en masa al corral donde estaba yo (quizás el control dentro de los corrales es el único punto que podría criticarle a la organización), pero al momento de la partida no se generaron las típicas aglomeraciones, por lo cual podría decir que igual funcionó.

Lo primero que me llamó la atención fue el número total de participantes. 18 mil en las tres categorías, e inmediatamente lo comparé con los 30 mil de nuestra Maratón de Santiago. Me extrañó, dado que solo Lima tiene 11 millones de habitantes, y el buen nivel que presentan los corredores peruanos de élite. Siempre pensé que iba a ser más masiva, como también esperaba más participación y apoyo de la gente en las calles.

Los primeros cuatro kilómetros de la carrera, los hice a un ritmo parejo y de acuerdo a lo planificado. El día anterior, temprano y mientras el resto de mi familia dormía, salí a entrenar para preparar un poco las piernas y para ver como me afectaba la ya conocida humedad de Lima. Hice 5 series de 1k pero al término de la tercera ya estaba muerto. Las dos siguientes fueron por cumplir, pero me sirvió para darme cuenta que en la carrera debía dosificar, ya que la humedad definitivamente era algo contra lo que iba a tener que luchar.

Las calles en las que se corría, eran todas con bandejones centrales verdes, lo que le daban un entorno bastante amigable a la carrera. El primer punto de hidratación era en el kilómetro 6, y no en el 5 como se acostumbra en Chile, lo cual me complicó un poco, ya que me había comido ya una parte del snickers, y necesitaba un poco de agua para pasar lo seco de mi boca. Como anécdota, en los puntos de hidratación los voluntarios en vez de quedarse en los mesones, se cruzan en la calle para darle agua a todos los corredores. Más adelante en la carrera esto me complicó ya que casi chocó con uno de ellos en su afán por darle agua a otro corredor.

Desde la mitad del kilómetro 5 al 16, todo era en bajada, lo que me permitió aumentar mi ritmo de carrera. La sensaciones en ese momento eran buenas, por lo tanto apuré bastante. Ahora la hidratación era cada tres kilómetros, con agua y gatorade, lo que me ayudó a mantener un ritmo promedio de 4:40. Estaba feliz… ya proyectaba un tiempo total de 1 hora 42. En las calles se veía gente, pero la verdad es que apoyaban poco. Para distraerme, trataba de adivinar en los cruces quienes eran publico, y quienes estaban tratando de cruzar la calle. Los con cara de perro, estaban esperando cruzar, y los que me aplaudían y respondían cuando levantaba los brazos y gritaba «vamos!!!», eran el público. Cada cierto rato, un grupo de chilenos veía mi bandera del grupo Corramos en Chile, me gritaban y daban la mano, y con ello, me entregaban un pequeño refuerzo de energías.

Los últimos 5 kilómetros fueron todos en subida. El desnivel positivo fue de 60 metros, no mucho, pero lo empecé a sentir rápidamente. Los kilómetros 16 y 17 ya me empezaron a costar y me esforcé mucho para mantener un ritmo de 5:05. Ese esfuerzo adicional me pasó la cuenta, y sumado a la humedad que había, hicieron que los últimos tres fueran del terror. Mi ritmo bajó a 5:26 y no me pude recuperar hasta el final de la carrera. En estricto rigor, y como bien decimos los runners… me reventé. En ese minuto empecé a buscar incentivos externos pero no los encontraba. Había mucho público en la meta, pero poco ruido. Mucha gente filmando, sacando fotos y esperando a amigos y familiares. El orgullo propio de haberme entrenado para el evento, y de estar cumpliendo uno de mis objetivos, me llevaron en modo avión, a la alfombra azul que nos daba la bienvenida a la meta.

1 hora 45 marcaba mi reloj al pasar por la meta, un poco mas bajo de lo que había proyectado, pero igualmente uno de mis mejores tiempos en esta distancia, sobre todo considerando que la distancia era 350 metros más de lo esperado, y que mi cuerpo lo sintió. La entrega de las medallas se hacía unos 150 metros después de pasar la meta, justo antes de entrar a los puntos de hidratación. Con esto se evitó aglomeraciones en la meta y se logró que los corredores pasaran directo al área de recuperación, que no estaba tan lejos como en nuestra maratón de Santiago. Punto para la organización de Lima. Una bolsa con fruta te entregaban mas una botella cerrada de gatorade, que no había problema en repetírsela.

Otro punto entretenido que me tocó, fue en el guardarropía. Las personas que estaban entregando las cosas, conversaban con los corredores y se sacaban fotos con todos. Mientras uno me conversaba sobre como me había ido y de donde era, otro buscaba mi bolso.Cuando me lo entregaron también me pidieron foto y me felicitaron por el tiempo hecho. Puede parecer una tontera, pero hicieron de ese momento, un momento agradable.

Debo decir que terminé la carrera con lo justo. La humedad realmente me jugo en contra en la parte final de la carrera y después de ella, y no me di cuenta. Me costó mucho la recuperación, y solo la logré después de beberme mas de un litro de agua al seco. Como cada organismo es diferente, a algunos les debe haber afectado menos que a mí y a otros mas, por lo que estar atento a las sensaciones es indispensable. El éxito de la carrera no depende solo del tiempo logrado, sino también del como se llega. En ese sentido, me siento mas que conforme con mi tiempo, pero un poco al debe en el cómo, punto a mejorar para mi próxima experiencia ya confirmada en el extranjero. 42k en la Maratón de Buenos Aires en Septiembre.

Después de esperar la llegada de mi señora que hizo 10k, y de terminar nuestra elongación, siguió nuestra carrera. Ahora al hotel a bañarse, cambiarse de ropa y partir raudos al aeropuerto. La aventura de Lima ya había acabado, y con un saldo positivo.

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