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Marco Bustamante – Nueva York 2019: «Sentí todo el magnetismo de participar en este maratón, de morder la gran manzana»

Les compartimos el relato de Marco Bustamante, corredor de Santiago Runners, que participo en el Maratón de Nueva York.

Nueva York, una ciudad impresionante, un recorrido desafiante, una organización enorme y 5 barrios que dan un empuje colosal a los miles de Maratonistas que se trasladan por las calles de la encendida y luminosa ciudad .

Se ha escrito bastante sobre NY, desde el mundo cinematográfico por años había visto esta ciudad  en la pantalla, de la mano de Scorsese, Luc Besson, Coppola, los más destacados directores cinematográficos cautivados e inspirados por esta Ciudad.

Desde mi mirada de deportista muy amateur, sentía todo el magnetismo de participar en este Maratón, de “Morder la gran manzana”, desafiar su altimetría y hacer frente a las grandes obras de Ingeniería de sus Puentes.

Acá va mi experiencia

La expo es de por si un acontecimiento y espectáculo, hartas luces, producción, charlas e invitados, el resultado es un trabajo muy bien logrado, una cátedra de Marketing .

El día anterior al Maratón hay una ceremonia de naciones una actividad colorida con harta pirotecnia, un guiño a los JJOO por supuesto guardando las proporciones.

Día del Maratón

La cita es de madrugada, a las 5:30 am en la biblioteca pública. El recorrido es una peregrinación de corredores quienes logramos percibir el primer fervor del día, los voluntarios quienes tienen un estado anímico mayor el cual te hace despertar y sonreír.

Se enciende el motor del bus y comienza la aventura .

Llego a la villa designada, color verde , corral A. Y comienza la compleja etapa de espera, corredores Hacinados cada uno dando una batalla con el frio. En lo personal había sido advertido de este gélido momento, tome mis resguardos y aun así no fue suficiente.

El frió es omnipotente y los megáfonos entregan mensajes en distintos idiomas, pido una caja de cartón para sentarme en ella y repeler en algo la baja temperatura. Aparece el sol y sus rayos son el regalo del universo.

Así transcurren 3 horas antes de largar, sin duda el momento menos glamoroso del magno evento.

Llega el momento de ingresar al corral, la euforia se desata y los baños son el lugar preferido de las aproximadamente 53.000 almas del lugar. Recién logro conectarme con el maravilloso puente una Maravilla de la Ingeniería, El puente  colgante más largo de Estados Unidos, observo maravillado su Torre, logro un avanzado estado de hipnotismo, el frio insiste y mi mente viaja a recuerdos más templados.

State Island – La largada

Un himno solemne, un hacinamiento total, la voz de Frank Sinatra, expresa : New york, New York y se emite un potente sonido de cañón.

El Transitar es por el imponente puente Verrazano. este puente une State Island el quizás barrio menos conocido de NY con Brooklyn.

Comienzo a correr por la postal más clásica y emblemática de los Maratones.

En mi caso corrí por la parte baja del puente con un GPS inexacto en la información durante 3 kilómetros aproximadamente.

Brooklyn

Este barrio te recibe Rugiendo, gritos, fervor , niños fascinados y harto cartel multicultural con variados idiomas . La fiesta es total y la energía del corredor está intacta para lograr absorber el cálido vigor del barrio.

Queens

La animación y efervescencia no pierden fuerza, es tanta la variedad de carteles que logro distinguir dos carteles de «Cat Lovers’ a quienes los felicito y manifiesto mi amor por mis Felinos la respuesta es tremenda por parte de la fanaticada Felina .

Así pasa el transitar del circuito siempre ondulante,  llegando a la mitad del recorrido con una pendiente de recibimiento.

Hasta que aparece en escena el rudo y castigador Gigante de Hierro, en este punto Maca Vasquez, compañera estratega de Road Runners, me había advertido que era un lugar “Minado”, el famoso Puente Queensboro, muchos de quienes pasamos por él , recibimos el potente desgaste de pasar por su colosal estructura  ( en mi caso fue como recibir un granada cerca, no salí de combate, pero me lleve una herida de guerra en su paso.)

Manhattan

El final del puente Queensboro se transforma en una caldera humana, los gritos son quizás el punto de máxima ebullición del Maratón precisamente en el lugar que más se requiere ya que el lugar se vuelve una trinchera donde se comienzan a ver los heridos de batalla.

Bronks

Acá las fuerzas no son las mismas sin embargo el barrio sigue empujando, la música de este barrio es de los ochenta/ Noventas, se escuchan latidos de Rap y movimiento de Break Dance , un bocado para los mayores de 35 años.

De nuevo en Manhattan, se bordea el parque y el vía crucis deportivo es prácticamente para todos, la pérdida de velocidad es un hecho para todos , pero acá es el momento de definir y de apelar al espíritu, al fuego interior y a la cabeza.

Central Park

El publico esta desatado , se ven las banderas, el Zig Zag del camino importa muy poco, se ve la Meta, y detengo mi cronometro, 2 horas 52 minutos, 46 segundos, mi mejor registro en maratón un crono mellizo de mi anterior PB.

Una vez terminada esta batalla deportiva, viene un largo tránsito para salir del parque, el frio vuelve rápidamente al cuerpo hasta que la entrega del poncho es un acto de máxima protección .

Sales de la zona exclusiva de corredores y te encuentras con el público nuevamente quienes al ver la medalla te aplauden, te felicitan te sonríen, tu devuelves la sonrisa y eres inmensamente Feliz abrigado bajo el calor de un poncho.

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