Durante mucho tiempo (11 maratones) busqué la clasificación al maratón de Boston, hasta que por fin el año pasado logré hacer la marca requerida para mi grupo de edad. Con toda la ilusión comencé a entrenar en el verano, cuando el coronavirus aún se veía lejano a nuestra realidad.

Con el paso de las semanas y el avance de la pandemia, la suspensión de la carrera se veía cada vez más probable, hasta que la organización comunicó que se movería de fecha a septiembre. En marzo comenzó la cuarentena y el entrenamiento pasó a ser exclusivamente en trotadora (súper entretenido jaja). Y así me la pase durante 6 meses, mismo lugar, misma vista, diferentes horarios. Mas o menos en mayo la organización comunicó que la carrera se suspendería definitivamente, dando la alternativa de correr el maratón de forma “virtual” en calle, pista o trotadora, dependiendo de la situación sanitaria de cada país.

Me inscribí inmediatamente, sabiendo que tendría que correr en la trotadora porque no teníamos para cuando salir del confinamiento. En agosto se acabó la cuarentena, pero seguí con la rutina. No quise salir a correr fuera para evitar lesiones, ya faltaba súper poco. Le pedí ayuda al coach Matías Brain para que me apoyara junto con la Maca (hidratación, geles y aprovechar de transmitir en vivo).

Hasta que por fin llegó el domingo 13 de septiembre, día escogido para correr los 42K. Matías llegó temprano, hicimos algo de elongación y me subí a la máquina infernal. Comienza la transmisión, saludo a todos y a correr. El plan era mantener un ritmo más o menos constante y ver si podía apurar dependiendo de cómo me sintiera. La idea era transmitir cada 10K y al final los últimos 4 kilómetros para sentir el apoyo del público.

Los primeros 10K pasaron bien, me sentía firme y aún podía responder algunas cosas. Del 10 al 20 aumente un poquito la inclinación, el tiempo pasaba y seguíamos dándole. Vista al frente, agua, gatorade y geles. Pase los 21K mas o menos en el tiempo estimado (poco más de hora y media). Entre los 20 y los 30 seguía sintiéndome bien, tan bien que decidí aumentar un poco el ritmo. Gran error. Ese pequeño aumento de velocidad me comió las piernas. Me di cuenta en el 35 que ya no quería mas guerra, así que baje la velocidad  para tratar de llegar dignamente. Entonces pasó lo inesperado: más o menos en el kilómetro 40 llego a las 3 horas de trote y pum!! se detiene la trotadora.

La transmisión en vivo seguía, nadie cachaba nada, yo apretando botones como loco jajaja. Logre poner nuevamente en marcha la cuestión y esos últimos dos kilómetros fueron del terror, las piernas ya estaban exigidas al máximo, el cansancio se hizo presente, pero había que seguir. En ese instante estaban todos animando, mandando mensajes de apoyo. Veo la pantalla: 42,2K, apreto el botón y se acabo!!! Fotos, abrazos, saludos, pero a esa altura ya no podía hablar mucho. Tina con hielo, hidratación y a descansar.

Fue un gran desafío correr tanto rato en la trotadora y se agradece un montón el apoyo de todos, los que me acompañaron en la transmisión y los que pasaron a saludar (Manu Riveros, Ian Vargas) y gracias al profe Brain por la ayuda en ruta. Obviamente esta carrera está dedicada a la Maca, mi fuente inagotable de inspiración. Muchas gracias por todo el apoyo en estos meses de encierro.

Al igual que todos espero poder volver a correr pronto alguna carrera en cemento, ya no quiero ni ver la trotadora. 

Howdy,
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