Mi atención hacia la Maratón de Nueva York comienza a fines del año pasado. Ese año corrí la Maratón de Boston quedando motivada para volver el 2018 a bajar mi marca, pues me parecía que con una buena estrategia era posible. Me propuse entrenar duro y en mi afán de mejorar pronto los 42k me inscribí también en los 42K de Viña 2017, en un periodo en que el coach de mi team me recomendaba NO hacer otra maratón dentro de un año. Sin embargo, transcurridos unos meses aparecen dolores intensos en mis piernas que disminuían mientras corría pero en periodos de descanso se acrecentaban. Bajaba la carga de entrenamiento, pero continúan ahí. Mientras tanto, llega la aceptación a Boston 2018.

En octubre 2017 el traumatólogo me diagnostica periostitis aguda y me obliga prescindir del running por lo menos tres meses. Descarto mi sueño de ir a Boston y me bajo del 42k de Viña.

Fue en ese periodo de abstinencia total de running que se me ocurre postular a la Maratón de Nueva York 2018, un sueño para mí en esa época, pues había escuchado que era muy difícil salir sorteada en la lotería, pero la fecha se acomodaba al periodo de recuperación necesario para realizar un buen entrenamiento.  Le conté mi plan a mi “seca” parter de entrenamiento de Boston 2017, Carla Sáez, quien estaba con la misma idea. Averiguamos que se podía postular con marcas en 42k y 21k, transformándose esta en una buena opción que me dio más esperanza, pude postular con mi marca de 21K de Viña del Mar 2017. En febrero 2018 me llegó la aceptación ¡Felicidad total!

En el intertanto se nos unía Patricio “Patito” Quiñones, quien muchas veces comento respecto de su sueño de correr en Nueva York. Los tres conjunto elaboramos el plan para viajar.

En marzo 2018 recién tuve el alta médica, volví a correr de a poco pero luego de un par de meses seguían apareciendo síntomas de fatiga en mis piernas, tensión muscular acompañada de dolor intenso en mis rodillas. Diagnóstico, una disfunción patelofemoral sobre la cual prefiero no profundizar. Tuve que comenzar con arduas sesiones de kinesiología para fortalecer, bajar la carga de trote replantear mis objetivos, transformando mi sueño de mejorar marcas en pasar a tener como principal objetivo lograr correr sin dolor (ya me daba miedo correr) para poder entrenar la Maratón de Nueva York. Obstinadamente decidí seguir adelante ¡Si me había ganado el cupo para el major más popular del mundo!

foto_3-minComencé la preparación en mi team You Can Run Club (YCR) con la asesoría de su coach Hardy Matamala, pues con ellos entrenaba desde 2016, logrando mis mejores marcas en maratón, media maratón y la motivación para ir a Boston 2017.  En julio 2018 Hardy me prepara un plan personalizado y adaptado a mi condición, que consistía en entrenamiento cruzado donde debo combinar running, bicicleta, elíptica y natación si era asequible. Además, Hardy me contacta con corredores con condiciones similares que estaban entrenando sin inconvenientes (gracias Darcy). Con esto me motivo y me convenzo finalmente que se puede.

Seguía los planes mensuales entrenando de madrugada antes de ir a la oficina durante la semana, donde la elíptica y la bicicleta estática del gimnasio se convertían en mis mejores aliadas, y los fines de semana corría los largos con mis motivados compañeros de club, compartiendo rutas y conversaciones sobre running. Es este un equipo de personas entusiastas y apasionadas por correr, donde hay compañerismo, apoyo e interés por colaborar con cada integrante y sus objetivos.

Estaba progresando y yo estaba feliz porque estaba corriendo a mejor ritmo, y superando mis complicaciones y temores, haciendo más realista mi objetivo principal, los 42K…

Hasta que un mes antes del maratón de Nueva York, cuando se acercaba la Maratón de Viña 2018 comienzo a sentir dolor en mi cadera izquierda y muslo, que me impedía estirar la pierna cuando aumentaba el ritmo de carrera. El médico, a quien le explico que “debo correr” la maratón de Nueva York SI o SI, me diagnostica un desgarro calificado como “pequeño”, pero que yo percibía con mucho dolor.

  • El tratamiento — me dice el médico — consiste en dejar de correr y realizar full sesiones de kinesiología.
  • ¿Estaré Ok en la fecha de mi maratón para correr normal? — pregunto al instante pensando en la marca que tenía en mente.
  • Descansa y realiza las sesiones de kine, solo así será posible que puedas, al menos TROTAR. Pero mejor…¡ve a disfrutar! — me dice mientras me mira con cara de “lo lamento”. Sigo todas las indicaciones ese mes…

Viajamos a Nueva YorK…

foto_2-minLos días previos en esta ciudad que parece totalmente cosmopolita y amable, desde las visitas a la Expo hasta los trotes por Central Park estaban con ambiente de maratón.  La Expo es enorme con los accesos al retiro de kit, las tiendas y la vuelta por las distintos stand son muy expeditos.

El día anterior a la carrera los tres volvimos muy temprano al hotel en el centro de Manhattan a preparar la indumentaria de carrera y concentrarnos. Recibimos muchos mensajes de apoyo de nuestros amigos corredores y familia. Llamó en el momento justo nuestro amigo Victor, quien ya había corrido allí. Nos comenta su experiencia y nos da algunos consejos:

 

  • No se vuelvan locos, disfruten — nos dijo Victor, mientras moríamos de risa con otros detalles de su experiencia.
  • ¡Es maravilloso estar ahí, un sueño!! — comenta. Y relajamos el ambiente de esa noche.

Fue una inyección de energía positiva cuando había mucho nervio, al menos de mi parte, por lo impredecible que era mi desempeño.

Son las 4.30 AM, suenan las alarmas! A las 5.30 AM llegaría el bus que nos llevaba desde el hotel a Staten Island junto a otros corredores que estaban en el hotel, en su mayoría chilenos.  Partimos…

Después de aproximadamente una hora de viaje llegamos. Wow! Un sueño… Por ahí surgen varios gritos espontáneos en el bus…Chi-chi-hi Le-le-le para distender el ambiente.

Bajamos, el cielo estaba totalmente despejado pero con mucho frio, no obstante, había un ambiente agradable, mucha alegría y buena onda. La seguridad increíble, había cientos de policías que amablemente daban las indicaciones más militares y helicópteros resguardando a los miles de corredores.

Nos dirigimos a guardar las bolsas impecablemente custodiadas en camiones ordenados según número de corredor que más tarde se ubicarían en la meta. Los voluntarios encargados de orientarnos y ayudarnos alegres y sonrientes, mientras por los altavoces se escuchaban las instrucciones en distintos idiomas. En otro sector había un espacio para tomar desayuno con muchas cosas ricas para comer, barras energéticas, pan dulce, te, café, frutas, etc. Nos tomamos algunas fotos con nuestra vestimenta de abrigo no muy glamorosa. Además, cabe mencionar que aunque llegamos a las 6.50 aproximadamente y largábamos a las 9:50 y 10:20, el tiempo pasó rápido.

foto_4-minLlego la hora de encajonar, primero fuimos a dejar a Carlita a su corral naranja, le deseamos éxito, y luego Patito me fue a dejar el corral verde. Ambas comenzábamos en la primera ola pero en corrales distintos. Nos despedimos con un abrazo apretado luego de despojarnos de alguna ropa de abrigo que se dejaba en las cajas para donación.

Ya en mi corral comencé a calentar y ejecutar algunos ejercicios para soltar y probar. Al menos no dolía como antes. De todos modos, llevaba casi un botiquín en mi cinturón con algunos medicamentos que pudieran ayudarme en caso de mucho dolor. Las Caritos, mis compañeras de team y grandes maratonistas me dieron algunos tips los días anteriores. Mil gracias…

Se escucha la voz de Frank Sinatra y su canción New York New York. Emoción, aplausos y vamos avanzando hacia el puente Verrazano, donde estaba la línea de largada, mientras continuamos escuchando una voz femenina que entona el himno de Estados Unidos. La gente estaba eufórica y ansiosa. Suena el cañonazo de partida y vamos!  Lamentablemente en mi corral pasamos por la vía del primer piso de puente, por ende, no puedo contar mucho de esta pasada, pues solo vi techo, corredores, agua y solo sentí las bajadas. Privilegiados los que pasaron por arriba.

Yo iba atenta a cualquier malestar, pendiente de mis piernas, a un ritmo tranquilo. Al cabo de unos minutos noto que mi gps estaba perdido marcando un ritmo más lento y kilometraje que no cuadraban con mi sensación, pero me daba igual. Yo sabía que no sería capaz de terminar esa maratón a mi ritmo habitual, debía ir más lento.

Para poder dosificar fui poniéndome metas parciales para llegar a mi meta final.

Voy por 10k para tomar el primer gel. Voy tranquila hasta Brooklyn, sin parar ni bajar el ritmo en una ruta con algunas subidas que se tornan nada difíciles dado el entusiasmo. “Vamos bien!, me decía yo. No tuve necesidad de tomar gel, solo tome agua por cada punto de hidratación.

Luego por 15K para evaluar. Ya en Brooklyn, con mucho público alentando, intente sostener el ritmo pero en la Avenida Lafayette me encontré una subida que resiento en mis piernas con bastante pesadez, ahora si tomé el gel.

Tercera meta, media maratón. Aquí es la mitad y podía evaluar mi “aguante”, pero aumenta la pesadez y tensión en mis piernas y muslos, mas no en la cadera, que era lo que más me preocupaba, entonces me propuse bajar el ritmo, aunque la ruta era más o menos plana, y enfocarme en el entorno para distraerme un poco y enfocarme en los 30K.

Si llegaba a los 30K ya estaría gran parte de la tarea lista, lo lógico es que no habría “muro” porque no me estaba sobreexigendo extremadamente. Paso un puente, pensando “esta carrera la terminaré”.

Luego otro puente, el Queensboro (25k), con una pendiente de las más difíciles de la ruta, recuerdo que era techado, extenso y solo sentía el ruido de los pies de corredores, aquí caminé para soltar los cordones de mis zapatillas porque sentía mis pies ardiendo por lo apretados que estaban amarrados. Retome el trote lentamente notando que se hacía cada vez más difícil, pensé que ya no era buena idea detenerme tanto.

Mi cabeza seguía enfocada en la meta. Me acordé en este instante hasta de Kipchoge quien comenta, según he leído, que sonríe para engañar a su mente y no sentir dolor. Por supuesto, yo no le llego ni a los talones, y lo máximo que logré es sonreírle a algún fotógrafo y sacar mi teléfono para tomar alguna selfie que no me resultaba o grabar un video.

En este instante me di cuenta que en mi Watsapp había mensajes de mis amigos que seguían la carrera en la aplicación de la maratón, vi en un mensaje una foto que envía Carla de esas para subir a la aplicación para animar a los corredores. “¿Qué más da si les envió algo?”, pensé. Entonces grabe algunos videos para que vieran lo preciosa que era la ruta. Esto fue una inyección de energía gigante, pues me distraje grabando y conectándome con ellos en algunos tramos.

Más adelante, más y más público y bandas de música animando en las calles, hasta vi un coro de música Gospel afuera de una iglesia cantando efusivamente a los corredores. Que vozarrón y que energía tienen!!

Seguí pasando por cada puesto de hidratación por la 1ra. Avenida, los que a estas alturas estaban sobre superficie mojada y resbaladiza que dificultaban mí avance en un tramo que percibía más o menos plano. Nos recibían ahí los voluntarios con tanta alegría que solo sentía ganas de agradecerles por tu tremenda disposición.

Bandas de rock, niños con sus manitos alzadas para tocar las manos de los corredores y dar ánimo, adultos con bolsas de agua y fruta, gente con banderas de diferentes países flameando en día soleado y con temperatura casi ideal para correr. Yo había consumido solo un gel en comparación a otras maratones en que a esa altura ya llevaba al menos 3. Solo debía soportar correr con mis piernas que pesaban toneladas más la tensión en mis músculos y pies.

Con toda la distracción llegué al 30k.

foto_5-minLuego pensé en el 35k.  Después de los 30K me quedaba muy poca fuerza para grabar y me enfoqué en terminar la carrera. Por ahí aparece el Willis Bridge, un puente que debo admitir odie, de hecho me detuve para grabar un video que envié a mis amigos y tomar algo para el dolor, en ese momento volteo y me sorprendo con la masa de corredores que recién comenzaba a subir alegremente. Luego, en bajada pude acelerar para aprovechar la inercia y lograr mejorar el ritmo.

Más adelante vi unos chicos bailando reggaetón alegremente. Wow música latina! Asumo no ser fans de esta música, pero escucharla me hizo volver a pensar en el privilegio de estar en ese lugar tan multicultural. Los pensamientos positivos, el optimismo, conectarme con el entorno me ayudaban a sobrellevar el desafío. Entonces vi la milla 21, calcule en mi mente: 21 x 1.6 = 33 aproximadamente…faltaba para el 35!!

Una vez estando en Harlem y la 5ta Avenida, pasado finalmente el 35k, cuando había logrado hacer más del 85% de la ruta tomo otro gel y opté por no fijar más metas parciales. Iría por los 42K. Se acercaba Central Park y había que mantenerse firme.

Pasaban por mi lado algunos corredores que me alentaban en momentos en que casi caminaba, me decían “go Lucy” o “vamos chile” (motivación personalizada gracias a mi polera, la misma que use en Boston lleva mi nombre, club y país). Luego se me acerca por varios kilómetros un corredor de polerón negro al cual no se le veía el número y que me pareció con acento latino de origen no identificable para mí a esa altura.

  • Buen ritmo, vamos falta poco! — me dijo y continua trotando cerca mío.
  • ¡Gracias pero no es buen ritmo, me duelen las piernas! — respondí con cara de dolor.
  • ¿Cómo puede decir “buen ritmo”? si casi camino — Pensé luego.

A esa altura ya había perdido la noción del ritmo de carrera. Las molestias en mis piernas hacían que no me percatara de la intensidad.

En fin, este corredor me motivo y me hizo pensar que no iba tan mal. Así llegue a la milla 24, calculé que quedaban menos de 4 kilómetros, cuando me di cuenta que en Central Park alternábamos con subidas y bajadas que se asomaban “despiadadamente”. Sonreí para las cámaras fotográficas, aunque por dentro venia molida, me detuve a sacar mi pequeña bandera chilena que estaba muy arrugada en mi cinturón. Poco más atrás seguía viendo a mi amigo corredor sin número luchando igual que yo.

Más adelante, a mi derecha veo la demarcación de los 800 metros hacia la meta. Estos pueden haber sido los 800 metros más largos de mi vida. Si realizo una analogía de este relato con una película, puedo describir ese instante como una escena en cámara lenta, con la gente alrededor gritando en ocasiones mí nombre, corredores a mi lado sobreponiéndose y yo casi llorando de emoción.

De pronto vi la meta, dudé si era realmente la meta.  Pensé que quizás, tal como ocurre en otras carreras, había algún arco previo, pero NO, era la meta definitivamente! Levanté los brazos pero al cruzar continúe caminando, tocando y moviendo mis piernas para asegurar que no hubiera otra lesión. ¡Todo en su lugar, lo logre! Pase a buscar la medalla y casi abrazo a la chica que la entregaba. Estaba feliz. Por mi lado pasaban muchos  corredores con rostro de dolor o fatiga como yo, pero sonreíamos felices para las fotos!!

Había logrado superar la maratón más dura dada mis condiciones en un tiempo de 3:50:12 (poco más de media hora más lento que en Boston y parecido a mi primera maratón), pero no me importaba, pues había logrado una medalla que valía el esfuerzo y meses de duda. Si, había finalizado la maratón de Nueva York habiéndola preparándome con más mente que kilómetros y corrido con molestias por más de la mitad de la ruta ¿Cómo no estar feliz? Un sueño cumplido, loco pero lindo finalmente logrado en la maratón más popular del mundo.

Definitivamente esta es la mejor maratón que he corrido en términos de ruta. Se puede conocer la ciudad, casi nunca se siente soledad, excepto en los puentes; se puede disfrutar de principio a fin de la ruta y su gente. Quien quiere bajar marcas y correr a tope quizás se pierde el gran espectáculo que involucra.

Qué más pedir!!…Únicamente tener la posibilidad de seguir soñando con otros 42K, poder correr libremente sin dolor, poder compartir kilómetros y seguir escribiendo mi historia personal de corredora, porque no hayo otro deporte tan simple que se compare a “correr”.

Envidio sanamente a quienes pueden correr y entrenar sin restricción por lesiones, sin sufrir, sin dolor; y disfrutan cada recorrido…Aprovechen esa oportunidad, quieran y cuiden su cuerpo, sigan los planes, eviten lesiones, y por sobre todas las cosas… sean felices corriendo, así sea lento o rápido, en maratones o menos distancias, en un major o en el parque, vale lo mismo!

Finalmente, quiero agradecer a las personas que han sido parte de este proceso, primero a mi familia que siente orgullo por esta loca que corre, a pesar de recomendarme muchas veces que pare. A Hardy Matamala (coach) por los planes especiales, por los consejos y seguimiento constante a nuestro entrenamiento y por ser el líder de un incomparable grupo humano en mi team You Can Run Club (YCR).  A Claudia y Eli, las más apañadoras amigas corredoras. A mi kinesiólogo que me hizo trabajar duro. A mi querida Ruth Guzman que con 67 años corre maratones motivándonos con su frase motivacional “#puramente chiquillos”, por su preocupación constante.  A Carla Sáez, por las experiencias compartidas. A Patito Quiñonez por los consejos y por ser excelente parter de viaje.

Y por supuesto, agradecer a todos mis amigos de YCR que siempre tuvieron palabras de aliento y me enviaban energía positivísima para lograr este desafío, entre ellos Rafa, Caritos, Omar, Carla, Tanya, Pablo, Luis, por mencionar algunos. Definitivamente este equipo moviliza y multiplica la motivación. Infinitas gracias y sigan cumpliendo sueños.

Escena Final: Patito y yo caminando aproximadamente 3k adicionales para tomar el metro al hotel, recibiendo las felicitaciones de la gente que se nos cruza mientras vamos por el Central Park y calles siguientes.  Tomamos el metro que iba lleno, nos miran y dan el asiento a penas subimos!

Howdy,
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