Fue New York, porque nació de un desafío que involucró a cuatro personas, dos de las cuales no pudieron ir, yo fui y no pude correr y Rodrigo en su silla de correr fue el primer chileno en esa categoría que corría New York. Sin duda fue todo un logro y una emoción tremenda para sus papás que lo esperaron cerca de la meta.

Personalmente, no recomiendo que esa sea la primera maratón a correr. Si bien es la “maratón de New York” y todo lo que eso implica, la altimetría es la más complicada de las Six Majors y como hasta que no se debuta no se sabe qué es correr 42 kilómetros, creo que es mejor elegir una más planita. Ahora si están decididos en que será la única maratón que corran en su vida, se entiende.

Fui a New York el 2010, con varios amigos corredores del Club Concepción Runners, al que pertenecí ese año. Para muchos sería nuestra primera maratón y teníamos la expectativa de hacer menos de 4 horas. Incluso con un amigo nos fuimos solos y nuestras familias llegarían el día antes de la carrera, para así poder concentrarnos y estar en óptima forma, dado que se trataba de nuestra primera maratón.

Llegando a New York, dejamos las maletas en el hotel y nos fuimos de inmediato a la Expo a buscar nuestros números. Como era la primera carrera grande que corríamos, quedamos impresionados con la Expo, había de todo y de todas las marcas deportivas que conocíamos. Recuerdo que no era complicado llegar en metro, siendo la otra opción el taxi, pero en ese caso había que andar con efectivo, porque la posibilidad que dieran vuelto era nula.

Llegué lesionada, pero engrupida con que iba a ocurrir un milagro en algún momento y podría correr. Recuerdo que el día anterior a la maratón, fuimos a correr al Central Park y sentí un dolor que me imposibilitó seguir corriendo, así que en ese momento decidí que no correría. Mi lesión fue en la banda iliotibial, creo que nunca se me va a olvidar. Fue super frustrante, porque aparte de haber viajado tan lejos, sería mi primera maratón y en el público estaría mi marido y mis niños. Ellos no habían llegado, así que me comuniqué con mi marido, en esa época no había whatsapp, así que fue por un teléfono público y le conté que no iba a correr, me imagino que lo sintió mucho, porque sabía lo que significaba para mi, así que me dijo “pero habrán otras oportunidades”. Obvio que me tomé de eso y volví a correrla el 2011.

No soy de las personas que viajan solas, pero como había ido a New York el año anterior, no me cuestioné el ir sola. Incluso fui a la comida que se hacía para los chilenos en un restaurante cerca del hotel, donde conocí a unos viñamarinos muy simpáticos.

La maratón de New York tiene la particularidad que parte en Staten Island, por lo que hay que llegar como 3 horas antes de la partida, ya que cierran el puente Verrazano.  

Como se realiza el primer domingo de noviembre, el clima empieza a ser helado, por lo que en esta maratón más que en otras, es fundamental llevar ropa abrigada para la espera. Recuerdo que había corredores en sacos de dormir, con capas, muy abrigados. Sin embargo, tuve la suerte que a alguna hora salió el sol y calentaba bastante.

Esperar 3 horas sola, sin conocer a nadie y con frío es bien fome. Afortunadamente, cuando me subí al bus que nos llevaría a la partida, me encontré con mis amigos de Viña y justo uno de ellos estaba en mi misma ola, así que esperamos juntos la partida. Aparte de acompañarnos, cuidábamos las cosas del otro cuando nos tocaba el turno de ir al baño. Y así, se nos pasó más rápido el tiempo.

En el primer kilómetro se cruza el Verrazano. Me llamó la atención que hubieran tantos hombres haciendo pipí desde la baranda del puente al río Hudson. No me quedó claro si era por choreza o por necesidad.

El recorrido parte en Staten Island y pasa por Brooklyn, Queens, Manhattan, Bronx y Harlem. Recuerdo que los puentes eran horribles, con mucha subida. Siempre pienso que después de una subida hay un plano o una bajada, es la forma de darme fuerza.

El Queensboro aparte de tener subida super larga, es solitario. Por lo mismo, es impresionante cuando al terminar el puente y llegar a la 1era avenida, se acaba la paz y el silencio para ser reemplazado por los gritos de la gente que está viendo y alentando a los corredores. Es impresionante.

Durante todo el recorrido, salvo en los puentes, estaba lleno de gente mirando la carrera. Gente ofrecía naranjas cortadas en mitades, los niños gomitas, una señora con una bandeja con vasos de jugo sacado de su casa, todas cosas adicionales a los de la organización, hacían mucho ruido con estas manitos que suenan, gritando “Good job”, “well done”, haciendo que uno se sintiera como el ganador de la maratón. Es espectacular.

Al volver a entrar en Manhattan y luego al Central Park, uno piensa que ya está hecha la pega, pero aún faltan 7 largos kilómetros. Esa parte es un falso plano que sigue comiendo piernas y a esa altura, es poco lo que queda.

Los últimos 195 metros es lejos el mejor momento de la carrera, porque si hay gente en todo el recorrido, ahí es como si se hubieran juntado todos y además, porque ahora si está hecha la pega y como siempre digo “misión cumplida”.

Terminé New York en un tiempo de 4:02:13. Ese año ganó Geoffrey Mutai con un tiempo de 2:05:06.

A pesar que fue mi primera maratón y, por ende, lo importante debiera haber sido terminar, no quedé contenta con mi tiempo. Sentí que me faltó preparación.

Ese año en la bolsa que entregan en la Expo, venía un magneto que sacándole algunas partes, quedaba escrito el tiempo de finalización de la maratón. Es un buen recuerdo.

Howdy,
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