• A pocos días de que comiencen los Juegos Olímpicos no podemos dejar de olvidar a aquellos deportistas que sin entrar al podio marcaron un hito en la historia del atletismo por su esfuerzo.

En la historia de los Juegos Olímpicos se suele recordar a los grandes campeones por sus increíbles logros, pero en ocasiones hay deportistas que sin acercarse al podio dejan una huella por su esfuerzo, su superación o su simbolismo. Es debido a esto que a continuación te presentamos las siguientes historias:

Gabby Andersen

Las mujeres debutaron en el maratón olímpico en 1984, tras una larga lucha por demostrar a los dirigentes (hombres) que ellas podían aguantar perfectamente el esfuerzo de 42 kilómetros corriendo.

La suiza Gabriela Andersen el 5 de agosto de 1984, en el debut olímpico en Los Ángeles, olvidó hidratarse y entró en meta tambaleándose por el esfuerzo, completamente desorientada. Le costó un mundo alcanzar la meta y ser atendida por los médicos. Terminó la 37ª en 2h48:42, más de media hora después de la ganadora, la estadounidense Joan Benoit.

Eric Moussambani

El guineano Eric Moussambani llegó a los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 sin ni siquiera tener entrenador y otro atleta le tuvo que regalar un bañador, unas gafas y un gorro. De forma agónica, con escasa técnica y el aliento de toda la afición australiana, consiguió terminar la prueba en 1:52 minutos. El neerlandés Pieter van den Hoogenband, ganó después el oro en 48,30s, más de un minuto más rápido.

Dorando Pietri

Al atleta italiano en los Juegos Olímpicos de 1908 los últimos 500 metros del maratón, en el estadio, le costaron 10 minutos en los que se desplomó hasta cuatro veces. Tambaleándose del esfuerzo, recibió ayuda para levantarse y llegar primero.

Pero, los jueces le descalificaron y dieron la victoria al segundo, el estadounidense Johnny Hayes. Pietri terminó en el hospital y cuando salió recibió una copa dorada de la reina Alejandra.

Derek Redmond

En las semifinales de los 400m de Barcelona 92, el atleta británico tras ganar su serie en las dos primeras rondas, sintió cómo sus músculos isquiotibiales se quebraban y no podía seguir corriendo.

Se levantó del suelo y siguió por su calle cojeando, cuando de repente su padre salió a la pista, le abrazó y le ayudó a completar una recta infinita. Con 27 años, la carrera de Redmond llegó a su fin, pero su figura se hizo muy conocida como un ejemplo de superación.

  • Publicado por: Matías Méndez
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