La atleta estadounidense Kathrine Switzer (Hamburgo, 1947) decidió, en 1967, correr la maratón de Boston emblemática prueba de 42 kilómetros, que solo podían disputar hombres.

“Ninguna mujer puede correr un maratón” frase que venía de Arnie, su entrenador. Kathrine, sabía que no era cierto, se sentía capaz de conseguirlo. Tenía poco más de tres meses para prepararse. Y tres semanas antes del maratón de Boston, ya completaba con relativa facilidad los 42 kilómetros.

Cuando llegó la hora de inscribirse, las dudas asaltaron a Kathrine, a su entrenador, y a su novio Tom, jugador de fútbol americano que también había decidido participar en Boston. Sabían que no estaría bien visto, ya que nunca ninguna mujer había competido en un maratón. Fueron a comprobar el libro de normas de competición y de registro, ya que no sabían si era ilegal o no, y no decía absolutamente nada sobre las mujeres. Se daba por hecho que ninguna mujer se plantearía correr un maratón. Por si acaso, hizo la solicitud firmando como K.V.Switzer, y fue aceptada.

Cuenta Kathrine, que cuando llegó el día de la carrera, estaba realmente nerviosa. No sabía si le dejarían competir o no. Cuando llegó hacia la zona de salida, acompañada de su entrenador y su novio, notó cómo el resto de participantes la miraban pero, lejos de molestarse o sorprenderse, le deseaban suerte. Y así arrancó la maratón de Boston.

Kathrine arrancó bien. Se sentía cómoda. Veía cómo iban avanzando los kilómetros a buen ritmo. Sin embargo, no todo iba a ser alegrías. Así lo cuenta la propia atleta. “De repente escuché unos zapatos corriendo deprisa detrás de mí. Me giré, y vi la cara más enfadada que nunca he visto. Era un oficial de carrera (Jock Semple, director del maratón). Me agarró de los hombros y me empujó, mientras gritaba ‘¡Fuera de mi carrera!’”. Una de las imágenes que han quedado para la historia del atletismo. “Consiguió arrancarme el dorsal de atrás, mientras yo trataba de correr más fuerte. Entonces Arnie saltó y le dijo que me dejara, que él me había entrenado y que estaba para competir, pero el juez seguía tratando de agarrarme y empujarme. Sólo porque era mujer. Y ahí ya apareció Tom para realizarle un placaje y tirarlo al suelo. ‘Corre como nunca’, me dijo, y nos pusimos los tres a correr como niños que huyen de una casa encantada”.

El revuelo que se formó, obviamente, fue tremendo. Y todo, delante del autobús de prensa, que captó toda la escena y, a partir de ese momento, decidió seguir a Kathrine durante la carrera. Así que Kathrine continuó. Y terminó la carrera. La atleta recorrió la distancia en 4 horas y 20 minutos.

A la mañana siguiente, en una gasolinera vieron en un periódico a Kathrine, la mujer que acababa de correr un maratón, ocupaba la portada. La historia había cambiado para siempre. Cinco años después comenzó a permitirse legalmente la participación de la mujer en los maratones. Todo, porque Kathrine acababa de demostrar, de dejar claro, que las mujeres sí podían hacerlo.

Entre sus victorias destaca el primer puesto en la Maratón de Nueva York, siete años más tarde, en 1974. Ese mismo año, fue segunda en Boston, en la carrera por la que ha pasado a la historia.

Howdy,
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