La idea de ir a Buenos Aires surgió como un impulso de amigas… ¿Y si nos vamos a Buenos Aires a correr la media maratón? Qué tan bueno podía ser, 21K es la carrera perfecta, desafiante, entretenida y no requiere tantos meses de preparación.  Antes de arrepentirnos nos estábamos inscribiendo y soñando lo linda que podía ser esa carrera y después de haberla corrido puedo decir que definitivamente cumplió con las expectativas.

Llegamos a Buenos Aires el día viernes y nuestra primera tarea fue retirar el kit. El lugar estaba ubicado cerca de la Ciudad Universitaria y llegamos ahí temiendo que en cualquier momento comenzara la lluvia. En el camino nos encontramos con una chica que nos ayudó a encontrar la feria y nos comentó que el día de la carrera teníamos que estar muy temprano porque a las 6.30 probablemente estaría todo muy lleno. La Expo es bastante pobre, no se compara a lo que se hace los días previos a la eMDS, pocas marcas con sus productos. Probablemente por lo mismo estaba muy desocupado,  no tardamos en tener nuestra polera y dorsal, además de otras cosas que incluía el kit, muchos dulces, un gel e incluso calcetines. Nos sacamos un par de fotos con la bandera que llevamos y nos retiramos.

El día domingo la carrera comenzaba a las 7.30 am, por ende mis amigas y yo nos levantamos a las 5 am para alcanzar a desayunar y prepararnos para ir a lo que sería nuestra primera carrera internacional. Éramos cuatro chicas, pero sólo tres corríamos ese día, la cuarta se quedó en las graderías para darnos ánimo al comienzo y también en los últimos metros antes de la meta, para que a pesar del cansancio pasáramos bajo el reloj a toda velocidad. La partida está ubicada cerca de un parque. A un costado tenían un espacio donde había muchos baños, NO había fila por primera vez, pudimos entrar sin problemas. Al otro un amplio lugar, ideal para calentar, elongar y prepararte antes de encajonar.

Ese domingo estuvo muy helado y corría mucho viento, a pesar de eso nos sacamos las chaquetas para quedar con la camiseta de Running Academy y tomarnos fotos con nuestra bandera, no podíamos sentirnos más orgullosas. Nos ubicamos en la línea de partida con calzas y polera de manga corta a pesar del frio. Encajonabas según el color de tu pulsera, que indicaba el tiempo estimado para llegar a la meta, lo que hizo que todo fuese más ordenado considerando que éramos muchos corredores. Mientras esperábamos la partida nos sacábamos fotos y buscábamos si había más chilenos  perdidos en la multitud, encontramos uno que otro.

Empezó la carrera y de fondo sonaba “Don’t stop me now”, canción que siempre escucho cuando necesito animarme para correr. Estaba en una ciudad nueva, corriendo una de las carreras más importantes de Latinoamérica, con mis amigas y escuchando la canción perfecta, no podía pedir más.

Los primeros kilómetros son muy lindos, pasamos por muchos parques, calles anchas, gente muy feliz disfrutando de un recorrido bastante verde, cada cierto tanto había bandas que tocaban música brasilera, cumbia y rock. Una que otra subida te guiaba a las principales atracciones de la ciudad, El Obelisco y La Casa Rosada.  Durante el recorrido puedes encontrar agua, Powerade cada 3 o 5 kilómetros. Después del kilómetro 11 o 12 encuentras  fruta, que viene perfecto en caso que hayas olvidado el gel en el bolsillo de tu chaqueta.

Entre tantas personas, pude escuchar más de un “vamos Chile” y vi a lo lejos camisetas conocidas de otros grupos chilenos que ubico, lo que me hizo sentir más acompañada en la ruta.

Luego desde el km 13 entras a una autopista, que dura hasta el km 17. Esta parte fue cuando más sentí el viento, muy fuerte y molesto. Afortunadamente en ese momento vi a una de mis amigas que había perdido cerca del km 4. “Vas bien” le pregunto y me hace un gesto con la mano. “¿Y tú?” Todo bien le respondí, a pesar que iba con dolor en mi pantorrilla derecha y a esa altura de la carrera éste se empezaba a acentuar. Verla fue una inyección de energía para continuar. Luego del km 17, cuando pasas por el planetario, vuelves al recorrido que haces de ida, a estar rodeada de parques y empieza a aparecer la gente animándote a seguir, diciéndote que falta poco, que ya tienes la carrera hecha.

La llegada es impecable, muy desocupada. Hay un pequeño desvío antes para los corredores sin número, y en caso que tengas,  puedes seguir caminado para recibir tu medalla, muy linda por lo demás, que tienes la opción de grabar con tu nombre y tiempo. Unos metros más allá te ofrecen fruta a montones y agua.

Es una carrera preciosa, que todo corredor chileno debería hacer alguna vez. Terminé feliz, emocionada, agradecida, de donde estaba, de quienes me acompañaron ese día y quienes me ayudaron a llegar ahí. Espero poder repetirla.

Howdy,
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