Todo comenzó luego de los 21k de la Maratón de Viña, donde decidí superar el miedo y cumplir mi sueño “correr mi primera maraton”.

Apenas se abrieron las inscripciones ya estaba lista, había dado el primer paso, ahora faltaba como prepararla para poder lograrlo y llegar a la meta. Con muchas cosas en contra estaba firme en mi desición y le pregunte a Valeria Argandoña si me podía entrenar, ella confió en mi, acepto y eso me puso muy feliz.

El 11 de noviembre partimos, tareas diarias que debía cumplir, íbamos conversando todos los días, entrenamientos 6 veces a la semana, se necesitaba ser metódica y estructurada, lo que es parte de mi forma de ser, paso a paso íbamos avanzando.

Habían días muy buenos donde me sentía que corría cada vez mejor y otros donde todo salía mal y me cuestionaba si iba a ser capaz, pese a todo seguía firme, siempre con el apoyo y aliento de la Vale. Pasaban los meses iba mejorando, hasta que llego el día.

Sumamente nerviosa, ansiosa, confiada en la preparación y en Dios llegue a la moneda, ya había un ambiente de fiesta solo quedaba disfrutar.

Partimos a las 8 am y con el ritmo claro que debía tener, fui disfrutando de cada kilometro, agradecida del apoyo de los amigos, de las personas desconocidas que te gritaban “vamos Catalina”, de los niños que ponían sus manos, era una verdadera fiesta.

Hidratándome en cada punto, tomando los geles según lo programado, corría feliz al ritmo planificado. Al llegar a Vespucio, donde tanto susto me habían metido, no pensé y seguí corriendo, seguía disfrutando “mi maratón” encontrándome con amigos y dándoles aliento.

Al llegar al Parque Bicentenario, quedaban los últimos kilómetros y eran en bajada, tenia las piernas y corazón muy bien, así que comencé a apurar el ritmo, en el kilometro 37 me esperaba mi sobrina Josefina Mardones y mi amiga Carolina Catalan,  fue un golpe de energía verlas, bajamos muy rápido, en el kilómetro 41 estaba mi querida entrenadora, quien no dudo en tomar su teléfono para grabar y correr conmigo, apoyándome como lo hizo durante todo el proceso.

En el ultimo kilometro el apoyo de todos los amigos que están ahí fue increíble, llegue a la meta feliz, con los brazos en alto, el corazón a mil, una sonrisa gigante y abrace a mi amiga.

Había cumplido mi sueño con creces en un buen tiempo y llegando sin dolores. Ahora puedo decir con orgullo “Soy Maratonista”.

Howdy,
Buy Premium Version to add more powerful tools to this place. https://wpclever.net/downloads/wp-admin-smart-search