Más de 70 maratonistas de todos los continentes llegaron este fin de semana pasado a Isla de Pascua para desafiar los 42 kilómetros que ofrece este lindo y místico lugar en medio del Océano.
 
Y aunque Rodrigo Salas, gestor y principal impulsor del Maratón de Rapa Nui, me dijo el día anterior a la competencia, mientras soltaba mis piernas después del viaje: “por qué corres antes, mejor toma desayuno y relájate, estás en la Isla”. Cierto, tenía toda la razón: vine con toda la energía del entrenamiento de 4 meses y tenía la misión de hacer un digno papel.
 
Pero sabía, por comentarios de varios de mis amigos de mi club Santiago Runners, que ya habían participado acá que lo de hacer tiempo en Rapa Fui no era muy probable… Pero bueno, estaba aquí con mi familia y los buenos deseos de todos quienes viajaron y estaban listos para partir, cuando el reloj marcaba las 10.15 de la mañana.
 
Casi como una verdadera Montaña Rusa, llena de subidas y bajadas, y curvas pronunciadas, y bajo un calor intenso y una humedad digamos, incomoda, enfrenté cada metro kilómetro a ritmos distintos. ¡Era imposible llegar a un consenso mental y físico para lograr uno promedio! 
Allí me acordé de nuevo de Rodrigo, y dije, “cierto: mejor disfruta el paisaje, estás en medio del océano en una isla maravillosa y con deportistas que vinieron a correr y ser felices con lo que uno hace”. Signo de esto quedó de manifiesto en la ruta, donde muchos paraban para sacarse fotos en este lindo paisaje, o con una pareja que vino desde Hong Kong para correr con dos gruesos trajes de… Snoopy. 
 
Con esas imágenes, di la vuelta en la playa de Anakena, donde se marca el regreso de los 21K, dispuesto a llegar al otro extremo de la isla en las mejores condiciones posibles. ¡Para eso había entrenado cuatro meses de manera rigurosa! Me gritaba internamente.
 
Cuando pasé el puesto de hidratación en el kilómetro 35, dos cosas me indicaron que ya había terminado lo más difícil: mi familia esperando para alentarme y una bajada muy extensa que me permitió al fin encontrar un ritmo más estable.
 
Fue el impulso ideal para llegar a la meta, levantar los brazos y sonreír. Claro, para eso se viene a la isla: a disfrutar.
Howdy,
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