• Te invitamos a leer una nueva columna de Kinus, esta vez sobre nutrición.

En nuestra sociedad cada vez hay mayor preocupación por la salud y la calidad de vida, debido principalmente a que, durante las últimas décadas, se ha incrementado el número de individuos con enfermedades crónicas no transmisibles, como hipertensión, diabetes, colesterol alto, obesidad y otras patologías cardiovasculares, lo que implican un mayor factor de riesgo de muerte prematura. Esto ha hecho que se le de mayor importancia a los dos pilares fundamentales para conseguir un estado de vida saludable: la nutrición y la actividad física, surgiendo cada vez más estudios e investigaciones al respecto.

La restricción alimentaria intermitente (RAI) es una estrategia de pérdida rápida de peso, recomendada tanto por profesionales del área de salud, como personal no calificado. Los últimos años su práctica se popularizó y viene siendo cada vez más utilizada por la población. Basados en los beneficios de la restricción alimentaria continúa (RAC) o más conocida como dieta hipocalórica, surge la RAI como alternativa a la RAC, ofreciendo mantener los mismos beneficios para la salud.

Las variaciones de la RAI la tornaron flexible, permitiendo opciones que se ajusten con las preferencias y necesidades de los usuarios, en algunos casos.

Los estudios realizados tanto en humanos como en animales concuerdan en afirmar reducción de la masa corporal, principal objetivo de la práctica de RAI. Sin embargo, exceptuando ese resultado, sus efectos periféricos sobre la masa adiposa corporal, la masa libre de grasa, concentraciones séricas de glucosa, triglicéridos y marcadores cardiovasculares son aún discrepantes.

Asimismo, son escasas las investigaciones que demuestran el efecto de la RAI en el sistema nervioso central y en el tejido adiposo. Debido a la heterogeneidad en los protocolos, estudios y resultados, se requieren más estudios a largo plazo para sacar conclusiones definitivas.

Principales tipos de restricción alimentaria intermitente:

  1. El ayuno intermitente (AI), que demanda la realización de restricción de uno o dos días por semana, continuos o alternados, y puede ser total o restringido al 25-30% del gasto energético total.
  2. El ayuno durante horas (AH) varía ampliamente, entre 8 y 22 horas, siendo práctica común omitir el desayuno y/o la cena.
  3. El día de ayuno alternado (DAA) exige la realización de restricción total, seguido de realimentación a voluntad al día siguiente, por periodos que van desde una a diez semanas. La dificultad de completar un día total de ayuno, exigió su adaptación, surgiendo así, el día alternado de ayuno modificado (DAAM), el cual consiente en el consumo de 25-50% del GET en los días de ayuno, seguido de libre acceso a alimento durante los días de realimentación.
  4. La dieta que imita al ayuno (DIA), la más recientemente denominación, demanda restricción entre 25-50% del GET durante cinco días consecutivos al mes. Además, existen alternativas entre las dietas mencionadas anteriormente, con variaciones donde el usuario puede consumir dietas sólidas, líquidas, bajas o altas en grasas o carbohidratos e hiperproteicas, durante los periodos de restricción alimentaria. La duración de su práctica es muy diversa, pudiendo prolongarse de dos semanas a seis meses.

Efectos

  1. Triglicéridos: Se ha visto que realizar ayuno intermitente disminuye los niveles de triglicéridos. Esto se debe a la disminución de los niveles plasmáticos de insulina, así La Bounty y Tinsley (2015) descubren que los períodos de ayuno entre 18 y 24 horas son beneficiosos en el aumento del metabolismo lipídico, el cual promueve la utilización de las grasas como fuente de energía, lo que implica una mayor pérdida de grasa.
  2. Diabetes: Horne et al. (2008) obtienen que la muestra de individuos que seguían un protocolo de ayuno tenían menor riesgo de enfermedad cardiovascular y, además, se asoció el ayuno con una menor probabilidad de diabetes.

Faltan más estudios que respalden estos resultados.

Se debe hacer una aclaración sobre la pérdida de peso, siempre que se lleve a cabo una dieta hipocalórica va a haber asociada a la misma una pérdida de peso porque se gastan más calorías de las que se ingieren. Pero esta pérdida de peso no tiene por qué llevar asociada una pérdida de grasa, que es precisamente el objetivo que se busca con las dietas hipocalóricas, por lo tanto, serán más efectivas o mejores estrategias dietéticas aquellas en las que se produzca una pérdida de peso debido, principalmente, a la pérdida de grasa y que, a su vez, se mantenga al máximo posible la masa magra.

Finalmente, se puede concluir que la restricción alimentaria intermitente podría ser un método viable para la pérdida de peso, al igual que una dieta hipocalórica, sin embargo faltan investigaciones que comprueben su eficacia para que se considere como un método confiable.

Fuente: Cioffi I et al. Intermittent versus continuous energy restriction on weight loss and cardiometabolic outcomes: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. J Transl Med. 2018 Dec 24;16(1):371.

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