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Una apuesta que tarde un año en pagar

Correr 42 kilómetros en Viña del Mar no fue casualidad, era una deuda. Si, por que lo comencé a correr el 26 de junio del 2016… el mismo día que la selección chilena de fútbol, conseguía el segundo titulo de su historia, nuevamente al igual que el 2015, venciendo a la selección Argentina por penales.

Una apuesta que mis amigos no olvidarían. Prometí correr los 42K de Viña del Mar, si Chile salia campeón, pero no cumplí. No me sentía preparado, había entrenado muy poco ese invierno y  recién había corrido mi primer maratón en MDS de ese año. Debo reconocer que también tenia algo de miedo, me habían hablado mucho de lo difícil que era la segunda mitad de la carrera, solitaria, muy mental. Solo fueron excusas baratas. Ese 2016, me pare en la largada de los 21 kilómetros, sabiendo que estaba adquiriendo una deuda.  

Este año fue distinto. En cuanto se abrieron las inscripciones, fui y me registre en los 42K y durante todo el invierno me mantuve entrenando. Si bien, no seguí un plan especifico para maratón, si estuve asistiendo permanentemente a los variados entrenamientos de NRC Santiago (Nike) y acepte mas de alguna invitación a entrenar con algún team amigo.

Llegue a Viña el sábado, tranquilo y con la fe que realizaría mi mejor maratón, aunque con el paso de las horas, los nervios y la ansiedad comenzaron a realizar su trabajo. Retire mi numero, solo quedaba esperar. La lluvia de la mañana le daba espacio a un tímido sol, que nos anunciaba que tendríamos un grato día para correr.
El día de la carrera, el ambiente era el necesario, para enfrentar esta bella competencia con toda la energía. Miles de corredores, muchos team y un sin numero de amigos que me ha dejado este bello deporte estaban también ahí, esperando que comience luego.
Tenia mentalmente planificada mi carrera hasta los 10 kilómetros, si el plan funcionaba, lo extendería hasta el kilómetro 21 y después hasta el 30. Desde ahí, el plan era llegar a cada punto de hidrataciòn, para así llegar a la meta. Y el plan funciono hasta el kilómetro 21.
Pasado el kilómetro 23, sentí la primera alerta, me apreté un poco, sentía que un calambre quería ser parte de este maratón, pero no se lo permití. Baje el ritmo y pude continuar. En el kilómetro 25 trate de pegarme a otro corredor, pero cada vez que apuraba, sentía la sensación que me acalambrarìa. Fue en el 25 cuando pregunte en que kilómetro estaba la vuelta y me entere que me quedaba aun hasta el kilómetro 32.
Justo frente al kilómetro 26, vi pasar ya de regreso al gran Cesar Diaz, quien iba cómodo liderando la prueba. Recuerdo que le di un grito de aliento, lo vi pasar y me dio el primer calambre.. Sabia que pasaría, pero quería aguantarlo hasta después de la vuelta. Desde ese momento, la carrera no fue la misma. Fui bajando mi ritmo, tratando de evitar los calambres, que seguían llegado cada vez con mayor fuerza.
Llegue al kilómetro 32, justo a la vuelta, con un nuevo calambre y bajo las 3 horas. El sueño de terminarlo en menos de 4 horas aun estaba intacto. Sueño que duro hasta el kilómetro 36, cuando me di cuenta que mi ritmo había bajado considerablemente, para evitar que los dolores volvieran, lo que fue imposible… me acompañaron durante toda la segunda mitad de la carrera. 
Finalizando el kilómetro 39, ya no habían mas subidas, solo había que dejarse llevar. La meta ahora era llegar.  Amigos me fueron a buscar al kilómetro 40 y durante el ultimo kilómetro, muchos amigos corredores me dieron su aliento. Un pasillo lleno de energía estaba muy cercano a la meta… pero mis compañeros, los calambres, me recordaron que también me acompañaban. A solo 5 metros de la meta, el ultimo gran tirón, que me hizo cruzar la meta a saltitos. 
Mi tercer maratón concluía con un poco de dolor, con un poco de frustración por no conseguir el tiempo que me había propuesto, pero con la tranquilidad de saber que la apuesta ya estaba pagada. 
Muy linda ruta, muy bien organizada… ¿volveré?… Tal vez, la revancha comience hoy.
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