Grandes Historias

Pablo Ramos “Buenos Aires, la tercera es la vencida”

2 de noviembre 2016, volviendo dos años, 15 kilos demás y varias copas atrás, bueno, las copas no tanto, pero, ingresaba a un grupo de personas desconocidas que integraban un club llamado “You Can Run”, tú puedes correr, claro, ya corría, una vez a la semana, pero corría, al día de hoy mis mejores amigos son de ahí y ella, mi cable a tierra, también. La azulita le dicen algunos, en parte la polera azul cambió mi vida y si bien es cierto tomé un camino distinto, la mayoría lo aprendí ahí, mi Club.

24 de febrero 2018, click y ya está. Aún sin correr mi segundo maratón, ya estaba inscrito en el tercero, una locura. Acababa de realizar mi mejor tiempo en 21k Casablanca y creía tener todo listo para el gran desafío del primer semestre, Maratón de Santiago 2018. Sí, claro, podía físicamente estar bien, pero el Maratón requiere algo más que eso, mentalidad y respeto.

8 de abril 2018, llegó el gran día! ¡A romperla! ¡Pero no, kilómetro 37 y todo se viene abajo, es como cuando un auto no parte ni pa´ delante ni pa´atrás, triste, terminé de igual forma, pero arrastrado y abrazado de Lucy, tremenda deportista, consejera y persona! Si sólo hubiera respetado el maratón un poco antes, y no pensar en “tirar” hasta a la meta a mi amigo Pablo, el bueno, en su intento de clasificar a Boston, nada de eso hubiera pasado. Sí, Claro, yo con sólo una maratón encima, tirar al Comandante a su logro más importante. Resultado final, mi amigo con PB y apunto de recibir su clasificación y yo abrazado a un poste 5 kilómetros más atrás y una frustración que duraría 5 meses, que sí, debo reconocer la asumió ella, mi cable a tierra “En esta casa, no se habla más del Maratón”. Y así fue, hasta ahora.

21 de septiembre 2018, saliendo de “las fiestas”, fechas difíciles para un penquista de tomo y lomo y, sí, salí invicto, con orgullo! Vuelo a Buenos Aires y recibiendo los últimos consejos de César Díaz, mi entrenador por los últimos meses, ¡qué grande el coach! decidí darlo todo, no había por qué no, cambio de estrategia y a planificar nuevamente el desafío.

22 de septiembre 2018, ya está, en tierras trasandinas nos esperaban todos, los ex, los presentes, todos, que importa! ¡Son mis amigos!  un trote suave y se sentía el cambio de clima, la humedad y el nerviosismo en el aire, pero la motivación, la mente y el trabajo hecho me decía vamos! ¡Es tu carrera! Retiro de Kit listo, almuerzo con el club y las apuestas que te ponen los pelos de punta… 3:19, 3:15, 3:20, 3:29 decían las caritos y el coach, ¡el coach!  el que te enseñó todo lo que sabes, imagínate la fe! Y obvio, ella, escribía 3:05 en la Parolaccia, ¡en la Parolaccia!

23 de septiembre 2018, 4 am, tres tostadas con dulce de leche, un café, la ducha y vamos! 7 am encajonados, pasó el momento rápido, fotos, el tour de Francia a punto de partir (el aguante, amor y apoyo en ruta en bicicleta listos para partir) kilómetro 4 y chichi como diría ella, cronómetro a favor y vamos, seguimos, kilómetro 10k y la primera motivación en la Casa Rosada asomaba con su acentito de ¡Vamos, Vamos!, hasta ahí todo bien, más que entrenado, kilómetro 21k, miramos reloj y seguimos lo planificado.

Al kilómetro 25k me acuerdo del mensaje de Lucy “hasta el 25k tranquilo, ahí comienza todo, dale, tienes que superar mi Maratón de Santiago 2016, 3 horas 25 minutos” chuta, iba bien, si mantenía el ritmo llegaba en 3:18, ¡súper! Carita feliz y vamos. Kilómetro 32k y el dolor de piernas se hace presente, terrible, y mi motivación no aparecía en su bicicleta hace unos minutos (que a esas alturas parecían horas), kilómetro 34k y me acuerdo de lo que me contó Claudio Romero alguna vez, ¡pégate en las piernas! Lo hago, y por arte de magia chao calambres y al segundo el sonido de la patita de la bicicleta me vuelve a despertar, era ella. Kilómetro 38k, en desesperación, un grito del alma de mi parte ¡vamos mierda! y me pongo en recta final, a esas alturas como hincha incondicional del fútbol me daba igual estar pasando por el monumental de River, la Bombonera o el Camp Nou, sólo me importaba mi fiel compañera, de la que sentía la emoción y llegar a la meta era el objetivo. Kilómetro 41k estaba Claudia Parra, incondicional de siempre, mujer de un y mil batallas alentando y siguiendo los pasos a segundos de llegar y cruzar la carrera que dos veces me hizo el quite, carrera que sentía no era para mí. Kilómetro 42.195 y el reloj marcaba mi PB 3 horas 20 minutos y 27 segundos, la gloria, quizás sobran las palabras para expresar ese momento, pero estoy seguro que sin pasar por todo lo de estos años, nunca lo hubiera logrado

Es momento de agradecer a todo el mundo que siempre estuvo conmigo, en primer lugar, a Yesenia Marulanda, mi cable a tierra. Hardy Matamala, César Díaz, mis amigos y mi familia que siempre está. ¡Vamos por más!

Se puede fallar un millón de veces, pero la gracia está en seguir intentando las veces que sea necesario. ¡Siempre es momento de recordar, que eres mucho más fuerte de lo que crees!

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