Nunca fui atleta ni me interesó mucho el atletismo; nunca pensé en correr maratones. Pero sin quererlo terminé enamorado de este deporte y, sobre todo, de los 42 kilómetros, de esa distancia en particular. Estoy a pocos días de otro maratón, para disfrutar del agobio en el que para mi es el mejor maratón de todos.

Los días previos en Boston son únicos, es difícil de explicar cómo se vive esa previa, cómo la ciudad se involucra por completo en este evento. Da lo mismo si hace calor, frío, lluvia, viento. Lo importante es el espíritu que envuelve todo lo que ocurre ese “lunes de los patriotas”, y que te ayuda a disfrutar ese recorrido tan demandante, que te agrede desde el comienzo y que cuando terminas, te deja apaleado el doble que cualquier otra carrera.

El circuito en este maratón es una gran pelea. Muchos optan por recorridos más planos o climas buenos asegurados, pero a mi me gusta la idea de pensar que puedo enfrentar esto y salir bien parado. Para mi la victoria tiene que ver con eso, con pararse al frente y abrazar la dificultad. Así me gusta.

Corro Boston otra vez porque amo esta carrera y su espíritu. No creo que necesite más explicación. Si tuviera que correr solo un maratón más en mi vida, no tengo dudas que sería esta.

Howdy,
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