Me inscribí el 2017 para el Maratón de Nueva York, e inmediatamente después de la MDS, empecé un largo proceso de entrenamiento de casi 30 semanas. Durante todo el período trabajé intensidad / volumen para acostumbrarme a un ritmo constante que sería mi objetivo para la carrera.

1Partí a Nueva York confiada, segura de que correría una buena maratón. Todo el trabajo físico realizado durante semanas tenía que dar buenos frutos. Sólo esperaba bajar las tres horas, mantener un ritmo parejo de 4.10 min/km. Algo bastante ambicioso teniendo en cuenta la dificultad de esta carrera. Las subidas y bajadas son una constante, además del desnivel positivo en 3 puntos específicos que corresponden a los temibles puentes. Estaba consiente de aquello, pero no quería que esa dificultad técnica me acobardara y creyese que no podía soñar con más.

El día estaba perfecto, el ambiente era increíble, la ciudad se despertaba con full energía para apoyar a más de 55 mil corredores que ese domingo 4 de noviembre ansiaban con cruzar la meta y colgarse en su cuello la medalla de finisher de una major. Había dormido bien los días previos, me había desconectado por completo de Santiago y de las múltiples obligaciones como madre de cinco. La carga de carbohidratos y la hidratación pre carrera estaban hechas. Ahora sólo quedaba correr y disfrutar el maratón. Porque esa también era mi intención, gozar el espectáculo.

Llegando al punto de largada en Fort Wadsworth de Staten Island, puedes hacerte una idea de la magnitud del evento. Todo muy organizado, seguridad por todos lados, voluntarios amables y dispuestos a ayudar, te ofrecen comida y bebestibles en cada esquina, baños químicos por doquier. La espera de tres horas se pasa rápido, sobre todo si vas en grupo (yo fui con mi querido equipo TYM).

A una hora de la largada me dirigí al punto de partida (wave 1, blue, corral B). Estaba tranquila, enfocada y con ganas de comenzar. Frank Sinastra se escuchaba de fondo y eso era el pie de entrada para dar inicio a la 48° edición del maratón de Nueva York.

Para correr un maratón se debe tener coraje, no basta la disciplina y la preparación física porque uno nunca sabe cómo reaccionará la mente en esos 42 kilómetros. Hay que tener determinación, estar dispuesto a sufrir y ganarle a la negatividad cuando ésta aparece. Mi enfoque estaba claro y mi mente alineada con el cuerpo.

4La primera prueba fue el puente Verrazano. Lo atravesé muy conservadora respecto a mi ritmo. No quería que la ansiedad me hiciera acelerar y perdiera energía que más tarde necesitaría. Los primeros 21k fueron tranquilos, a ritmo parejo, observando a la gente, sintiendo los gritos y la música. Disfruté viendo a tantas familias y niños en las calles. Es imposible no chocar las manos de los espectadores y sonreír gran parte del camino.

Luego vino el temido segundo puente, Queensboro (km 26). Seguía tranquila respecto a mi tiempo porque tenía algunos segundos a favor de mi plan original. Las piernas estaban ok y aun continuaba enfocada, pero sabía que eso podría cambiar en cualquier minuto. Así crucé los últimos dos puentes y me encontré con el falso plano en subida que va desde Harlem hasta el ingreso al Central Park (km 37). Última prueba pensaba. A pesar de haber bloqueado el dolor en el kilómetro 30, mis piernas ya sentían cansancio. No quería que mi mente asimilara esa información y empecé a acelerar aún más. Entrando al parque escuché los gritos de mi entrenadora Paulina Arias, ahí la energía volvió. Fue un impulso extra, no solo por sus gritos sino porque las dos sabíamos que habíamos mejorado la marca y que todo el trabajo y pasión que uno le pone a este deporte dieron fruto. Estoy confundida respecto a los kilómetros finales. Felicidad y agradecimiento, dolor y cansancio, todo tipo de sentimientos, pero exacerbados al mil.

Mi tiempo fue de 2:55:45. Mas rápido de lo esperado y soñado. Mientras me alejaba de la meta lentamente, en dirección al punto de encuentro con mi hermana, me fui acordando de cada persona que me ha apoyado en este proceso.  De todos los que han aportado, de distinta manera, para que yo pudiese estar aquí, vivir una gran experiencia y seguir creyendo que esto recién comienza. Gracias equipo TYM, Saucony Chile, familia y amigos.

Howdy,
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