Desde que comencé en el running, hace más de diez años, tenía como sueño algún correr la maratón de Nueva York. No sabía nada de distancias, majors, ritmos de carreras, muros ni de los diferentes tipos de entrenamientos, yo solo disfrutaba correr.

El año 2018, justo antes de correr la Maratón de Santiago me inscribí en la Maratón de Viña, pensando en correrla en octubre, sin embargo por diferentes compromisos personales tuve que bajarme de esa maratón cuando ya había comenzado el entrenamiento. Con la motivación a tope y con las ganas de correr una nueva maratón me surgió la opción de correr la Maratón de Nueva York, era solo 3 semanas después de la Viña, por lo que si adaptaba un poco el entrenamiento podía llegar en plenas capacidades. Sin pensarlo dos veces, me embarqué en esta aventura, con el objetivo de cumplir mi sueño de runner aficionado.

Compatibilizar la vida laboral y personal con el entrenamiento es una de las dificultades de los runners, por lo que durante el entrenamiento para Nueva York me propuse seguir mi vida normal, adaptando ciertos días de la semana a los entrenamientos, pero sin dejar de hacer las cosas que me gustan. Así es como nace “Corredor Gordo”, idea que busca demostrar que no hay que ser un gran atleta para poder cumplir los sueños deportivos y que con constancia y dedicación se pueden lograr los objetivos planteados, sin dejar de lado a la familia, salir con amigos, ir a ver tu equipo de fútbol, los compromisos laborales o simplemente tomarse un schop helado después de la pega. Esta era mi tercera maratón, las dos anteriores las había hecho en Santiago, por lo que el entrenamiento lo había hecho en el verano. Para la maratón de Nueva York el entrenamiento sería diferente, pues no tendría luchar contra el sueño y el calor de verano, si no que la dificultad estaba en las inclemencias del clima, ya que el frío o la lluvia podían influir en mis ganas de salir a la calle a sumar kilómetros. Durante este proceso de entrenamiento tuve la suerte de ir al Seminario de Running organizado por  ViRun, ahí adquirí el libro “Entrena tu mente para correr la maratón”, de Rodrigo Cauas, el cual comencé a leer de inmediato. Uno de las cosas que aparece en el libro que me cambio de inmediato es qué el runner debe estar preparado para correr bajo cualquier situación climática, ya que no podemos controlar el clima de la carrera. Si el día de la carrera había nieve, lluvia, viento, yo iba a correr igual y para eso tenía que estar preparado física y mentalmente.

Pasaron lo días, el entrenamiento avanzaba y llegó el día, tenía que partir a Nueva York a correr la maratón. La gran manzana de por sí es impresionante, una ciudad llena de vida por donde se le mire, sin embargo ese fin de semana todo rondaba en torno a la maratón, hacia donde se miraba había alguna referencia a la carrera que yo iba a correr ese domingo. Estando allá y viendo tal efervescencia comienzan los primeros síntomas de nerviosismo, los cuales van creciendo minuto a minuto antes de comenzar la carrera. Todos los que han corrido una maratón dicen que los días anteriores que hay que mantener la calma, descansar lo suficiente, comer bien, dormirse temprano, pero no voy a mentir, la ansiedad era tan grande que todos esos consejos se me olvidaron y solo me deje llevar por todas los elementos motivadores que había en el ambiente.

Nunca voy a olvidar ese 4 de Noviembre, al fin llegaba el día … “Corredor Gordo” iba por su primer major. El día comenzó muy temprano, tomando el bus para ir a Staten Island cerca de las 5 AM. Mi partida era a las 10.15 AM, por lo que tenía 5 entretenidas horas para calentar, eso creía  yo. Al llegar a la “Marathon Village” me di cuenta que estaba todo preparado para hacer todo ese tiempo de espera no tan agobiante, mucho café caliente (hacía bastante frío ese día), bagels para la última carga de carbohidratos, fruta, agua, Gatorade, barras de proteínas y una cantidad infinita de baños para botar los nervios previos a la carrera.  Una hora antes de la carrera tenía que dejar mi bolso y solo quedarme con lo necesario para la carrera, aún hacia mucho frio, por lo que en esa hora no paraba de moverme.

Llegó el momento en el que me iba a encajonar, ahí estaba yo caminando hacia la línea de partida, tuve la suerte de quedar adelante por lo que veía todo muy en primera persona. A las 10.15 en punto sonó el disparo, la carrera había comenzado, solo había hacer lo sabía correr hasta cruzar la meta. Los primeros 5K son muy solitarios, hay que correr sobre el puente Verrazano (el que sale en la medalla) hasta llegar a Brooklyn, poco a poco comienzas a ver un poco de gente en las calles cuando pasas por las zonas residenciales de Brooklyn , pero cuando llegas a la 4th Avenue la gente empieza poco a poco a aparecer en las veredas, todos con muchos carteles, dando muchas señales de aliento, los niños estirando la mano para que tú, el atleta,  les hagas un High Five. Estar ahí es increíble, te sientes un rockstar tocando estadio lleno, todo el mundo grita tu nombre, te da señales de aliento, es increíble, una energía infinita que llena cada uno de tus músculos. Durante la primera media maratón me sentí increíble, iba a un ritmo muy bueno, casi mejor que mis entrenamientos, estaba muy emocionado por lo que estaba viviendo y cada vez que daba vuelta la esquina era una sorpresa más para mi. La primera media maratón la cruzas en el puente que te lleva a Queens, en donde se nota el cambio de la gente, muchas personas gritándote, pero con una energía diferente, poco a poco me iba dando cuenta que había menos gente en la calle y eso era por que se acercaba el puente Queensboro, el puente que abre las puertas a Manhattan. Muchas personas que ese puente es la peor parte de la carrera, ya que tiene una subida y bajada muy fuerte y es el único momento en el que  no hay gente, bueno …. tenían razón. Ese puente, en el km 25 de la carrera es un “come pierna” que chupa toda tu energía, ese fue el primer momento en el que me sentí cansado. Terminando el puente entras a manhattan, y comienzas a subir por la 1st Avenue, empiezas a ver a mucha más gente en la calle, los cuales por los dos lados de la calle gritan tu nombre. Empiezas a correr en la 1st avenue y ves una calle larga, perfectamente resta, yo creo que alcanzas a ver unos 3-4K llenos de gente corriendo, de borde a borde, es una imagen impresionante. En ese momento comenzaron a llegar los primeros fantasmas, luego del Queensboro sentía mis piernas cansadas, ya había bajado bastante el ritmo de los primeros 21K y al ver esa línea recta, comencé a pensar si podía lograrlo o no. Luego seguí corriendo a un ritmo cómodo, dejando de pensar en el tiempo y solo pensando en llegar, en cruzar la meta. Seguí así hasta llegar a el Bronx, la energía de ese barrio es increíble, un barrio de afroamericanos que sale a la calle a disfrutar la maratón fue lo máximo, muchos con frutas, chocolates y agua que ellos mismos servían en vasos. Sabían que estaban en el muro y entregaban lo mejor para que lo pasará sin problemas. Luego de el Bronx vuelves a Manhattan, quedan los últimos kilómetros antes de llegar al Central Park. Allí el cansancio se hizo evidente, ya iba en el km 33, solo me faltaban 9km , pero las piernas poco respondían, el cansancio no solo era en las piernas, si no que me comencé a sentir fatigado, había salido el sol y estar corriendo en la quinta avenida con el cansancio que llevaba hacía que me sintiera agotado, pero el objetivo ya estaba cerca, no podía bajar los brazos. Así, con mucho cansancio llegue al Central Park, solo me quedaban 4Km para cruzar la meta, ya mi cuerpo estaba en piloto automático, corría por inercia, pensé muchas veces en terminar la carrera caminando, pero justo en la entrada al Central Park había un grupo de chilenos, los cuales vieron mi polera y mi cara de sufrimiento y comenzaron a gritar mi nombre, muy fuerte, no solo ellos eran quienes me daban ánimo, sino que también los que estaban cerca. Esa inyección de energía hizo que sacará toda la fuerza que estaba dentro mío y entregara mi último esfuerzo. Ya iba dando la última vuelta a Central Park, cuando veo la meta, me faltaban solo 500 metros y mi sueño se cumplía. Logre cruzar la meta y veo mi reloj, había mejorado 17 minutos mi registro en Maratón! Luego de eso, todo el cansancio se me olvidó y me dedique a disfrutar el momento, ese gran momento en el que un desconocido te felicita y te cuelga al cuello la medalla de finalista de la Maratón de Nueva York, pensé en mi polola, mi familia, mis compañeros de entrenamientos, todos aquellos que estuvieron conmigo en el proceso y que creyeron en este corredor aficionado.

Cruzar ese arco, levantar los brazos y ver esa medalla, es una de las emociones más grandes que he vivido en mi vida. A pesar de que terminé muy cansado y pensé muchas veces en abandonar, luego de completar la carrera me sentí lleno de energía, lleno de esa energía positiva que te permite pensar que puedes lograr todo. Sin duda volveré algún día a correr la Maratón de Nueva York.

Howdy,
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