Domingo 8 de abril , 07:00 am, comienza el gran día, meses de preparación, horas de entrenamientos, sacrificio sudor y lágrimas, son el aliciente para levantarnos y ponernos en camino hacia la partida de los 42 km, junto a un gran amigo que se encargaría de asistirme durante la carrera.
07:45 hrs. y a encajonar no existe otro pensamiento que visualizar la salida, el recorrido y concentrado en el ritmo a mantener, 15 minutos de saltos, gritos que sueltan la tensión del momento.
08:00 hrs. y partimos los primeros 10 kilómetros preocupado del ritmo, dosificar y tomando cada saludó y aliento de las personas en el trayecto como si fuera un punto de hidratación que nos da las fuerzas para seguir. Comenzamos a mantener la energía para seguir, consumo el primer gel y también el primer trago de isotónica y agua miro mi entorno y varios hacían lo mismo era el minuto de recargar para llegar al kilómetro 30, lo mas fuerte posible, pero para eso aún quedaban 20 kilómetros entre estos el temido muro de Vespucio.
Seguimos en ruta el aliento de las personas cada vez se hace más importante para mantenernos en carrera  llegamos al kilómetro 20, el cuerpo comienza a sentir la llegada al medio maratón pero nada fuera de lo esperado, lo que me indica que llegamos en buen estado a enfrentar el muro, llegamos a Vespucio y comenzamos a enfrentar el muro. Nunca en este tiempo que he entrenado, estuve tan concentrado en mi ritmo y la técnica para mantener la eficiencia de carrera, sin duda en este punto confirmo que la preparación fue la adecuada, miro a otros corredores y todos sin decirlo sienten el peso de lo que se viene, el tramo que podría dejarnos fuera de carrera a varios o darnos la fuerza para afrontar la última parte con la confianza de haber pasado lo mas duro.
Comenzamos a recorrer el muro y la cantidad de personas motivándonos es increíble sin duda fueron el motor para avanzar, avanzar y avanzar,  siguiendo mi planificación de carrera. Llega el minuto para el cambio de plantillas pues ya me comenzaban a molestar y el cambio de polera, aquí ya la carrera yo sabía que se hacia mas con el corazón y la cabeza, que con el cuerpo.
Kilómetro 30 y hago el cambio. Seguimos al kilómetro 32, el cuerpo empieza a mostrar la fatiga de lo ya recorrido, pero la mente pudo mas y las ganas de no ser vencido comienzan a soslayar el desgaste físico, cada kilómetro que seguimos avanzando comenzamos van dejando corredores que se detienen acalambrados, fatigados, extenuados por el gran esfuerzo realizado.
Kilómetro 40, Plaza Baquedano y ya voy corriendo, tirando de las ganas y puro corazón creo han sido hasta aquí los kilómetros más emocionantes, donde el cuerpo me pedía parar y que le diera un respiro, pero yo tenía un objetivo terminar en menos de 4 horas este maratón, y a sólo un par de kilómetros estábamos en las 3 horas y 10 minutos. Mi emoción al mirar el reloj no la pude contener, pero la transforme en la fuerza para meterle a estos últimos kilómetros, cada levantada temprano cada llegada tarde al hogar, cada entrenamiento y sacrificio pasaban por cabeza, pero sobre todo pasaban esos 50 kilos menos que hoy tengo y que a punta de voluntad dejarlos atrás me permitían terminar esta maratón en un tiempo increíble, llegar a la meta fue gritar y desahogar un par de años de mucho esfuerzo y sacrificio. No sólo termine 42 kilómetros, cerré un ciclo donde me volví a respetar y querer, pase de ser un obeso mórbido a un atleta que termina un maratón en 3 horas y 22 minutos. Por eso siempre se puede, sólo debemos desear que suceda, que nada ni nadie te detenga, no tenemos límites sólo debes creer en ti.
 
Howdy,
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