Los cuestionamientos son el punto de partida para replanteos; qué factores deben tenerse en cuenta; las distintas experiencias.

Todo cambio implica incertidumbre. El ser humano, por naturaleza, prefiere mantenerse en zonas de confort para evitar situaciones estresantes. Lo mismo le sucede al corredor. Cuando decide cambiar de entrenador, debe estar convencido del paso que va a dar. El factor traumático se suele manifestar en los lazos afectivos que se establecen entre ambas partes cuando llevan muchos años de trabajo juntos y, a veces, es el que no permite tomar la decisión. ¿Cómo reconocer cuándo se cumple un ciclo y es tiempo de cambio? “El síntoma más claro que aparece es el cuestionamiento. Puede ser manifiesto hacia el entrenador o quedarse en el terreno del pensamiento propio. La predisposición, la confianza y la seguridad frente a las propuestas empiezan a ser cuestionables”. Suele ocurrir que la metodología de entrenamiento ya no resulta útil. Y el atleta cree que está por debajo de sus objetivos o el grupo es demasiado grande como para ocuparse de sus necesidades. Por esto, se empieza a sentir el deseo de algo más personalizado. Algo más presente. “El corredor, cuando no se encuentra a gusto, exterioriza la falta de ganas de ir a entrenarse. Surgen excusas que cuando está motivado no aparecen, como factores climáticos, dolores, compromisos impostergables. Las lesiones pueden atacar debido a la baja en el nivel de motivación y la desaparición de conductas fundamentales en el hábito, como los horarios de descanso y recuperación, y la alimentación. Surgen olvidos a medidas preventivas propias de la actividad, déficits en los niveles de intensidad de atención y concentración”.

 

 

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